lunes, 18 de enero de 2016

CRÍTICA | KRIGEN (A WAR), de Tobias Lindholm


Dilemas de guerra
KRIGEN (A WAR), de Tobias Lindholm
Nominación al Óscar a la mejor película de habla no inglesa
Dinamarca, 2015. Dirección y guión: Tobias Lindholm Fotografía: Magnus Nordenhof Jønck Reparto: Pilou Asbæk, Tuva Novotny, Dar Salim, Søren Malling, Charlotte Munck, Dulfi Al-Jabouri, Alex Høgh Andersen, Jakob Frølund, Phillip Sem Dambæk Género: Drama bélico Duración: 115 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: El comandante Petersen tiene a su cargo un pelotón de soldados daneses en una zona aparentemente tranquila de Afganistán. A muchos kilómetros de distancia, su mujer se ocupa de sus tres hijos pequeños. Tras una misión, Petersen toma una decisión que marcará el futuro de sus hombres y de su familia.


El director Tobias Lindholm y el actor Pilou Asbæk colaboran por tercera vez en Krigen (A War), la película que ha vuelto a situar la cinematografía danesa en la restringida terna del Óscar. Lindholm divide el film en dos partes muy diferenciadas: en la primera mitad, somos testigos del trabajo del militar protagonista, la relación con sus soldados y su implicación con los civiles de la zona, a la vez que asistimos al duro día a día de su esposa en Dinamarca, sola y con tres hijos pequeños a su cargo; y en el segundo tramo, el relato se unifica en un extenso juicio en el que se dirime la implicación del personaje central en un crimen de guerra. Una ficción que contrapone dos realidades muy distintas, pero que nunca cae en el maniqueísmo: prefiere ofrecer más preguntas que respuestas, sugerir antes que juzgar.


En contra de lo podría pensarse, Krigen (A War) no es una película de guerra, sino una historia sobre los problemas que surgen cuando alguien, al asumir ciertas responsabilidades (como comandante, como padre, como ciudadano), se percata de las incompatibilidades que existen entre la ética personal y la oficial, entre la realidad vivida de primerísima mano y la ley escrita en tercera persona. Por ello, resulta especialmente recurrente cómo Lindholm hace coincidir la visita al hospital de la mujer tras un accidente doméstico con la fatídica pero inevitable decisión que toma su marido en mitad de una contienda, o cómo una asociación de fotogramas (el recuerdo de las extremidades inhertes de un pequeño afgano ante la visión de los pies descalzos del hijo del protagonista) le sirve al director para cerrar la película y simbolizar el futuro incierto que le espera a su personaje. Una película perfecta para preguntarnos quiénes somos y dónde vivimos, para enfrentarnos a la frustración que nos produce sentirnos tan pequeños en un mundo tan grande.


Para amantes de los dilemas cinematográficos venidos del norte.
Lo mejor: La contención, que no frialdad, de su guión. Asbæk es un portento.
Lo peor: No todos los espectadores aceptarán el psicoanálisis que propone el film.

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