jueves, 18 de octubre de 2012

Crítica de CÉSAR DEBE MORIR (CESARE DEVE MORIRE), de los Hermanos Taviani

 SHAKESPEARE PARA CONVICTOS
'Desde que estoy familiarizado con el arte, esta celda se ha convertido en una prisión'. En la cárcel de Rebibbia unos presos recitan versos de Shakespeare mientras realizan las pocas rutinas que permiten las cuatro paredes de una prisión. Beben café, friegan el suelo y se pasean por el patio vallado evocando el asesinato de Julio César. Esa es la parte más estimulante de la película: asistir a un material a medio camino entre la ficción y el documental que traslada una historia clásica a un ambiente rodado en un blanco y negro tan experimental como teatral. Por lo demás, César debe morir es una obra difícil de entender y de defender. Los Taviani juegan a la confusión, o tal vez la confusión es cosa de la crítica ofuscada y su obra es meridiana y limitada a conciencia. En primer lugar, nada explica qué hace una mera anécdota argumental convertida en largometraje si la sorpresa de su argumento y la singularidad de sus formas solo se sustentan durante media hora. En segundo lugar, el hecho de que una película tan básica como esta alcance el Oso de oro en Berlín es una muestra de hasta qué punto las élites nos venden gato por liebre. Y en tercer lugar, pese al prestigio de sus directores, es evidente que la doble historia que encierra la película (los problemas, las vidas y las condenas de los presos, más las personalidades de los personajes que interpretan) funcionan como yuxtaposición de ideas, pero en ningún momento un plano enriquece o completa al otro. Por eso la frase que pronuncia un preso-personaje al final de la película, tal vez la única línea de guion no relativa al guion de la obra dentro de la obra (parece complicado, pero el ejercicio es de lo más simple), resulta tan confusa como rimbombante: 'desde que estoy familiarizado con el arte, esta celda se ha convertido en una prisión'. Mi lectura, seguro que equivocada, es la siguiente: los Taviani quisieron hacer un film social y al ver la fuerza de los momentos dramáticos (mérito en todo caso de Shakespeare, no de los realizadores) decidieron dar total preeminencia al César del título. Todo ello sirviéndose de su innegable oficio, del gran margen de error y creatividad que les da su apellido y partiendo de un material filmado que montado/contado de otra manera podría resultar interesante. César debe morir acaba siendo una suerte de mezcla entre el cine que los antiguos llamaban 'de arte y ensayo' y el teatro clásico que nunca pierde vigencia. Sea como sea, hay experimentos más estimulantes (solo hay que remitirse a la filmografía de otros hermanos: los Dardenne) y mejores ejercicios de teatro dentro del cine. Eso explica que César debe morir, más que mover conciencias, más que romper moldes, termine siendo una criatura apolillada y ególatra. Carne de cineclub bienintencionado y poco más.


Para agoreros que piensan que el cine ha dejado de ser cine
Lo mejor: La espontaneidad de sus 'actores' presentándose a cámara.
Lo peor: No define sus intenciones.

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Nota: 4'5

1 comentario:

adela yannini dijo...

Las sigo todas desde mi tienda celosias y asi estoy al dia. No me pierdo una.
Saludos