martes, 20 de marzo de 2012

Crítica de POLISSE, de Maïwenn Le Besco

VEROSIMILITUD
El cine es un acto de fe. Se trata de creer lo que se expone en la gran pantalla, entendiendo que aquello que resulta irreal acaba entendido como no cercano o poco interesante, y por generalización malo. Si revisamos las constantes de consumo, los gustos de las masas o las películas que copan semana tras semana los primeros puestos de taquilla observaremos que la mayoría de films comerciales son por definición inverosímiles: no entran en los parámetros de lo posible las mil y una carreras automobilísticas, el surgimiento de una criatura extraña o el apocalipsis más feroz que el cine norteamericano ha venido produciendo y copiando durante los últimos años. Por lo tanto, parece que lo verosímil cambia según el espectador. Y no se trata de entender que hay audiencias más inocentes que otras, unas propensas a creer en bulos, u otras cuya posición ante la mentira es siempre perspicaz. La verosimilitud es un concepto que va más allá de la ambibalencia de 'verdad' o 'mentira'. En el cine lo expuesto resulta verdadero según los mecanismos de la propia ficción, no según las reglas o los códigos de la realidad. Por eso en REC resulta totalmente plausible que el edificio protagonista reste infectado de zombis durante hora y media. Y quizás por eso una película de contexto y temática social, por sus resortes narrativos, por los mimbres de su trama, puede terminar en despropósito.


En relación a la verosimilitud del cine existen dos factores cruciales: la fotografía y el montaje. La primera dirige la mirada, focaliza la acción, presenta un punto de vista, de forma que el ángulo desde el que se filman las escenas viene a ser parte importante del todo narrado: al poner la cámara en un lugar seleccionamos unas imágenes y desechamos los posibles planos que quedan fuera del cuadro. El segundo da a ese marco un dinamismo crucial: el ritmo, la viveza, la coherencia de la sucesión de las imágenes acaba siendo decisiva, entendiendo que al montar se selecciona y sobretodo se arrincona todo el material filmado considerado reiterativo, poco relevante para la historia o simplemente con algún fallo técnico o actoral. La verosimilitud, por lo tanto, emana del guión, pero se cristaliza gracias a la fotografía y al montaje. La piel que habito no resulta creible para muchos precisamente porque su montaje acoge cierto desorden y desasosiego en sintonía con el caos y el estado de ánimo de sus personajes. Y es el montaje el componente que transforma a The Artist, pese a su aparente homenaje y reivindicación del cine mudo, en una película contemporánea. Hemos dado poca importancia a estos dos aspectos técnicos, y puede que estemos ante los apartados básicos de toda ficción, por encima incluso de la dirección artística, vestuario o maquillaje. Disciplinas de la técnica cinematográfica que, obviamente, dotan o restan verosimilitud a una película.


FOTOGRAFÍA Y MONTAJE
Los nacidos en la década de los 80 y sucesivas atesoran una memoria visual sin precedentes. Pero todas esas imágenes han pasado por un filtro: la censura de un cineasta, incluso la de un productor, o casi siempre las imposiciones estéticas y/o ideológicas de las distintas cadenas televisivas. Es habitual oir que tal suceso ha ocurrido de tal manera y no de otra porque la televisión así nos lo dice, o que la Guerra Civil fue tal y como aparece en películas como, por ejemplo, Tierra y libertad. Obviamente no es así. Se olvida la intervención de la fotografía y del montaje. No es que la televisión o el cine manipulen, pero precisamente por sus características llevan en su código genético el poder de la manipulación. Eso sucede con los reality shows, donde la exposición parcial de una información se convierte en la crónica oficial de un suceso que afecta a la vida de sus concursantes espiados. Es imposible ser veraz, abarcar todos los puntos de vista: precisamente la magia del cine está en lo que se ve y  también en lo que se intuye y no se muestra. Por eso resultan dudosos algunos documentales, televisivos o cinematográficos, que presumen de retratar una realidad al completo. El falso periodismo ha malentendido y hace un mal uso de la fotografía y el montaje, de forma que algunos docurealities, programas de investigación o reportajes supuestamente serios disponen las imágenes en función de las emociones que se quieren despertar en el espectador, ahora insertando una música suave, ahora sobreimprimiendo un titular violento, ahora utilizando otro mecanismo empatizador. Curiosamente esos espacios quedan fuera de la llamada 'telebasura'. Y curiosamente esos programas no solo aparecen en las parrillas de los canales más sensacionalistas: ya no importa tanto lo que se cuenta sino cómo se cuenta, por lo que lo detestable es más una cuestión de forma que de fondo.


Puede que toda esta reflexión no tenga nada que ver con Polisse, una película de temática social donde la mirada y la sucesión de las imágenes cobra una significación especial. En relación a todo lo dicho, Polisse ganó el premio César al mejor montaje, por lo que al final no parece descabellado utilizar la película como apoyo o excusa inicial para fabular sobre el montaje del cine, o el montaje en el cine. Polisse lleva el montaje cinematográfico a otro nivel: aparentemente no se intuye la figura de un director, guionista y montador detrás de sus imágenes, aunque por nuestros conocimientos cinematográficos sabemos que esas figuras, aunque ocultas, están; y al mismo tiempo la película parece montada al revés, como un ejercicio de vaciado cinematográfico en busca de la verdad, ya no como lo haría un cineasta sino como un sociólogo. Por eso Polisse es más un trabajo de campo que una película. 


'POLIS' DE CIUDAD, 'POLICE' DE POLICÍA
Polisse cuenta el día a día de la Unidad de Protección de Menores de la policía de París,  la vida de sus agentes, los casos que llenan sus oficinas y sus misiones en los barrios más marginales del corazón de Francia. El montaje de Polisse funciona por acumulación de imágenes, para algunos certera, para otros excesiva. Es una técnica bastante común en el cine contemporáneo: Estados Unidos nos ha contagiado la política del exceso incluso en la disposición de las imágenes. Polisse tiene una fotografía en constante movimiento, y en eso se escudan muchos para atacar la película y tacharla de inverosímil. Pero volviendo al inicio del artículo, lo importante no está en entender algo como posible o imposible, sino verosímil según la lógica del relato. Por eso Polisse me resulta verosímil (no creo que se pueda aplicar la etiqueta de 'verdadero' en el arte), y por ello me sacude, me emociona, me hace reir y llorar, me entretiene a pesar de su largo metraje, me mantiene espectante, logra que me importen sus personajes y consigue que su discutible final reverbere en mi memoria días después de verla. Seguramente esta opinión discurrirá en paralelo a quienes piensan lo contrario. Pero en mi caso tengo dos razones de peso para defender Polisse y detestar títulos análogos como, por ejemplo, La clase: el secreto está en la verosimilitud, y en gran parte en el montaje y la fotografía.


Maïwenn Le Besco fue actriz antes que directora de cine, por lo que las bondades de Polisse podrían atribuirse a una excelente dirección de actores. Tal interpretación es correcta, pero a mi gusto incompleta. Maïwenn da vida a la fotógrafa que retrata al conjunto de policías en sus distintas actividades. Ese personaje es la clave de la trama: aunque la artista y cabeza pensante del relato se reserva un papel secundario delante de la cámara, su personaje es sumamente relevante por ser la persona que hace fotografías dentro del plano fotografiado. Dicho de otro modo: Maïwenn orquestra la película desde dos posiciones, y su oficio de fotógrafa en la ficción es un guiño y una referencia a su labor como directora en la realidad. De hecho la relación que el personaje mantiene con el grupo discurre en paralelo a los lazos que unen espectador y película: al principio la recién llegada a la brigada es alguien que no se fía, que calla y observa a la espera de saber cómo será su nuevo trabajo; y finalmente se relaja, siendo parte viva e imprescindible de la pandilla, incluso enamorándose del agente más problemático del grupo. En algunas escenas los personajes critican a la fotógrafa por 'no retratar la realidad de su oficio', 'la complejidad de su trabajo', y en contraposición sentir demasiada atracción por las estampas de postal, las fotografías donde aparecen niños llorando o policías sentados cómodamente en sus butacas. ¿No es acaso esta réplica las posibles quejas que los espectadores pueden dirigir a Maïwenn? ¿Y una teatralización de la relación entre intérpretes y directora? ¿No es esto un ejercicio interesantísimo sobre el punto de vista del cine en general y de la historia que propone Polisse en concreto? ¿No estamos ante uno de los juegos más estimulantes sobre el montaje y la fotografía?


Un buen análisis de Polisse debe reconocer que no estamos ante una cinta redonda, aunque verdaderamente estuvo muy cerca de marcar un hito en el cine francés y europeo. El mérito está en la fotografía, influida por el estilo y sobre todo la ética de la Nouvelle Vague, el Dogma 95 o el estilo de los films de los Dardenne o títulos como Hoy empieza todo. Si alguien les dice que Polisse es un documental deben saber que no es verdad: existe un montaje y una disposición de la historia para nada objetiva, aunque la trama se nutra de casos reales vividos por el verdadero cuerpo policial parisino. Lo peor de Polisse, y en parte demostración de que Maïwenn explora más que innova, está en su uso de la música (la película no exigía banda sonora) y su final (aunque muchos de los hechos ocurridos nos adelantan el sorprendente desenlace, y aunque la ambigüedad del final es también un arma arrojadiza valiente con vistas a hacer pensar a su público). Precisamente en la última escena de Polisse se montan dos escenas paralelas que el espectador deberá descubrir, vivir e interpretar por su cuenta. En el último segundo la verdad conseguida por Maïwenn amenaza con derrumbarse al volver a las formas cinematográficas habituales: el efectismo de quien mezcla dos escenas para crear un efecto catártico en la audiencia, sin dejar que la catarsis emane de la propia historia, como harían los maestros del medio. En definitiva, los últimos dos minutos de Polisse se equivocan y dan lugar a un error de fotografía y a un montaje efectista. Lo peor y lo mejor, pues, resumidos en una clausura cargada de semántica pero discutible en sus ademanes sensibleros.


Aun con este gatillazo final, Polisse es quizás la película más compleja en mucho tiempo. Nos acerca los entresijos de una profesión que sabemos que existe pero que ni la televisión ni los trabajos periodísticos escritos o audiovisuales han retratado con certeza. Cinematográficamente es una historia perfectamente ensamblada, capaz de insertar comedia desengrasante cuando la historia lo requiere, un thriller casero nada desdeñable, e impactando cual navajazo directo a la boca del estómago cuando la dureza del momento lo precisa. Es un festín: pocos repartos brillan tanto, en cantidad y en calidad. Y sobre todo, Polisse nos demuestra que es importante reflexionar hacia dónde va nuestra Europa multicultural con desigualdades sociales, a quiénes delegamos la responsabilidad de poner orden en medio de tanto caos; si es posible vivir a espaldas de lo que ocurre a nuestro alrededor, o si es posible no llevarse el trabajo a casa cuando el oficio acaba siendo un estilo de vida, y esa vida un viaje hacia la autodestrucción. Polisse nos dice que probablemente las únicas personas capaces de mantener en equilibrio a toda una ciudad corren el riesgo de ser marginados sociales cuando deberían recibir tratamiento de héroes. Hay crítica pero mucho cariño en Polisse. Hay política. Hay la exposición de un tema local que acaba siendo metonimia de un problema global. Tiene el ímpetu de la artista en pleno estado de investigación y de creación, a veces víctima de su entusiasmo, y en los mejores momentos con la lucidez y la responsabilidad que precisa el tema elegido. Y ni qué decir que estamos ante una reflexión de la vida, del cine, de la vida en el cine, e incluso una demostración de cómo el buen cine puede cambiarnos la vida. Polisse es desde ya una obra importante y necesaria. Descúbranla antes de que la historia la sitúe entre los grandes títulos del cine europeo.

Nota: 9

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3 comentarios:

Sr. Sombrero. dijo...

Me pareció una pelicula bastante irregular, por momentos llena de ideas y por momento bastante irresponsable.
Maiwenn supo con maestría dirigir a los actores, fue muy inteligente a la hora de darles tiempo y espacio. El problema es su egocentrísmo. No pudo evitar NO estar en la película, con un papel tirado de los pelos que poco y nada tenía que ver con la película en sí.
Otro desacierto de la directora es el hecho de haber , maravillosamente, creado una película distante y sin obviedades pero que arruina con tres escenas espantosas (una con un bebé vivo, otra con un feto y otro con el final) que están más cerca del cine de trazo grueso que el que ella proponía.
Creo que si se 'pule' un poco más, va a ser una gran directora. Porque si hay algo que a este film no le faltaban eran las ideas y las intenciones.

Marcelo Cafferata dijo...

La vi el año pasado en Paris, y no se si por el marco de la Ciudad, o que, coincido mas con el comentario del blog que el del Sr. Sombrerero.

La están dando actualmente en una muestra de cine frances "Les Avants" en Buenos Aires.

LEs dejo mi opinión: http://www.revoleandobutacas.blogspot.com.ar/2012/03/les-avants-ii-polisse.html

daniel dijo...

Gran critica, aunque no estemos de acuerdo, es una critica concisa; fervorosa pero que reconoce que puede no ser del todo objetiva. En realidad como te comenté el film me pareció atractivo, pero fallan muchas cosas: o critico la falta de profundización de los personajes, sino en la falta de profundización de las historias. Vivimos el dia a día de este grupo pero tambien nos cuentas los casos a los que se ven sometidos y la mayoria de estos casos quedan inconclusos, luego en el film no sabemos más de ellos, y eso la hace que la vea como un gran collage de momentos y casos inconexos que no nos conducen a nada provocando monotonía. Tiene buenos momentos de tensión, pero no me convence del todo. El final mucho menos, que juega a lo precipitado, exagerado y efectista.
Pero eso si, aplaudo el montaje, me parece notable, al igual que su fotografia y la mayoria del elenco esta bien. Pero como dije ciertas cosas no me dejan aprobarla del todo. Le ayuda mucho ese aire a documental, pero de ahi no pasa.

Un abrazo Xavi.