martes, 12 de noviembre de 2013

Crítica de SOMOS LOS MILLER, de Rawson Marshall Thurber

Antes el humor nacía de la singularidad de unos personajes y del ingenio de un juego de palabras. En la actualidad, el ejercicio de intentar hacer reír se reduce a poner en poco menos de dos horas la mayor cantidad de disparates, palabras malsonantes y transgresiones posibles. Somos los Miller es un ejemplo más de cómo el gamberrismo de la reciente comedia estadounidense ha terminado por marginar al verdadero humor: allá donde debería haber incompatibilidad de caracteres o situaciones hilarantes, la película está diseñada como conjunto de frases supuestamente ingeniosas que van concatenándose sin demasiado sentido (obviamente, algunas de esas aportaciones funcionan, pero son tan pocas que éstas ya quedan condensadas en el tráiler de la cinta: todo, de nuevo, como demanda la moda). Y a su vez, la torpeza de Somos los Miller prueba otra cuestión: incluso situándose dentro del gamberrismo puro y duro, y por lo tanto admitiendo cualquier variación soez del caca-culo-pedo-pis (a saber: drogas, sexo, clichés culturales, referencias a otras películas y series, etc.), es muy difícil conseguir una película totalmente salvaje y arriesgada dentro de Hollywood (Somos los Miller es tanto una parodia sobre la familia como a la postre una defensa del modelo familiar tradicional, algo bastante incongruente). Datos, en resumen, que desacreditan tanto a Somos los Miller como en general a toda la corta y poco interesante filmografía de Rawson Marshall Thurber (Cuestión de pelotas): de nuevo, una premisa con supuesta mala baba y gran potencial cómico  termina por resultar absurda e incluso infantil. Poco podemos rascar de este viaje en caravana, básicamente porque ya hemos recorrido caminos muy parecidos en los últimos años. La cartelera de este otoño tiene demasiados films interesantes como para bailar el agua a esta peripecia de zoquetes y porretas, y más si en las salas de al lado tenemos el humor maduro, no sólo por fondo sino por forma, de propuestas como Gloria o Blue Jasmine. Totalmente prescindible.


Para familias disfuncionales.
Lo mejor: Se dicen tantas estupideces que por estadística alguna termina por hacerte sonreír.
Lo peor: Es más mojigata que bestia. Se hace larguísima.

Nota: 3'5

1 comentario:

itzel benitez dijo...

Esta producción me gustó bastante, pues creo que desde la dirección hasta la edición fue bastante buena.