miércoles, 17 de octubre de 2012

El mayor asesino de Australia: Crítica de SNOWTOWN, de Justin Kurzel


John Justin Bunting mató a finales de los noventa un total de once personas. Escondía los cadáveres descuartizados en bidones que posteriormente esparcía por Adelaide, suburbio del sur de Australia. También se encontraron miembros de sus víctimas en un habitáculo anexo a su casa, especialmente diseñado para deshacerse de todos los cuerpos. Para perpetrar tal cantidad de crímenes en tan poco tiempo contó con la ayuda de amigos e incluso de miembros de su propia familia: la policía llegó a encontrar una red de fotos, papeles y datos de las personas muertas colgadas de la pared de una de las habitaciones de Bunting. La metodología de Bunting era siempre la misma: mataba gente que conocía, presuntos drogadictos, pedófilos u homosexuales. Un historial que lo ha convertido en el psychokiller más destacado de la crónica negra australiana. Un caso ya cerrado que pese a todo presenta numerosas ambigüedades, sobre todo en lo que respecta a Bunting y su relación con Elizabeth Harvey, pareja sentimental del asesino, y los hijos de esta. James Spyridon Vlassakis, hijo de Elisabeth, colaboró mano a mano con Bunting durante sus cacerías, y entre sus víctimas figura Troy Vlassakis, hermanastro mayor de James, que presuntamente abusó sexualmente de James cuando tenía 13 años. La figura de Bunting, por lo tanto, queda del todo diluida y resulta muy difícil trazar cómo era la mente del asesino: concuerda con la imagen de un enfermo mental, un patriarca manipulador e incluso el principal protagonista de una secta que tomaba el asesinato de presuntos 'desviados sexuales' como principal causa.


Apelando al magnetismo del caso, en un ejemplo claro de que la realidad supera con creces a la ficción, el cineasta Justin Kurzel ha realizado Snowtown, una película que no resuelve ningún interrogante y que nos hace partícipes de la sordidez, la bestialidad y la magnitud de los rastros de sangre que Bunting dejó a su paso. Snowtown cuenta con una tensión latente, una violencia semioculta pero evidente que pone al espectador en un estado de constante perplejidad y horror. A Kurzel le interesa retratar el día a día de una familia disfuncional, huye de las formas documentales y se sitúa a conciencia en el lado de la no explicación: ni tan siquiera quedan especificados los nexos familiares de los diferentes miembros, una ausencia de información que aunada con unos planos que parecen discurrir en ralentí enrudecen todavía más el material de base. Aquí viene gran parte del problema de Snowtown: aunque el director quiera enmarcar la historia en el contexto de una familia desestructurada, el espectador no tiene asideros, ya no para realizar sus propios juicios sobre lo que está bien, sino para tener más o menos claras las coordenadas de la historia. Parte de la magia de Snowtown está en no saber cómo reaccionarán y qué harán los personajes, pero ello también denota una poco definida descripción de personajes, seguramente fruto de los inconcretos datos, fichas y documentos policiales que se utilizaron para la realización de la película. De esta forma, de la madre Elizabeth Harvey se intuye que es una ludópata irresponsable, pero no hay nada que justifique el pasotismo y la ceguera que le llevaron a consentir los crímenes de su pareja. La tendencia sexual de James nunca queda aclarada, y solo se nos especifica que sufre esquizofrenia a la hora y media de metraje. Cuestiones que acaban restando entidad a Snowtown, ejercicio de estilo con reminiscencias al thriller de asesinos en serie más cercano al Bronson de Winding Refn o al Chopper de Dominik que a la crónica de una familia carnívora estilo Animal Kingdom. Afortunadamente las interpretaciones de todos los actores salvan los vacíos argumentales del film, por capricho del director o por verdadera coherencia con el caso original, convirtiéndolo en un título interesante, tan incómodo como atractivo, con el pulso suficiente para intuir que el novel Justin Kurzel puede ser uno de los grandes cineastas del mañana.


Para los que quieren thrillers que les dejen sin aliento
Lo mejor: Su atmósfera perturbadora.
Lo peor: Un guion poco definido.

Nota: 6

1 comentario:

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Ya había leído, compa Xavier, alguna reseña que incidía en la bestialidad de la temática y su tratamiento formal, y ya veo que tú vienes a redundar, aun con matices, en esa misma línea. Buff... Yo ya me había forjado una imagen bastante corrosiva de cierto perfil familiar australiano tras ver dos films como 'La boda de Muriel' (aun con su tono amable y meloso...) y 'Animal kingdom', que tú también citas; pero supongo que ambas dos se quedan bastante cortas en comparación con lo que en ésta desfila por la pantalla. En fin...

Un abrazo y buena tarde.