jueves, 21 de noviembre de 2013

Crítica de KEEP THE LIGHTS ON, de Ira Sachs

1. El título Keep The Lights On (Mantén las luces abiertas) hace pensar en una película de mensaje esperanzador y positivo, pero en verdad estamos ante una de las obras más tristes del año, muy concretamente ante la descripción a través de cuarto cortes temporales de cómo una pareja se disuelve y se vuelve a unir a medio camino entre el espíritu del Allen neoyorkino y la pesadumbre de los clásicos franceses. Las luces, tras el visionado, acaban siendo un símbolo de la lucha, la resistencia y la tenacidad de Erik, el protagonista, ante la adicción a las drogas que sufre su pareja, Paul; y en un plano más terrenal, una referencia a la luz que Paul no quiere cerrar cuando mantiene relaciones sexuales con Erik, momento en que los dos cuerpos entran en comunión a pesar de las diferencias que los separan.
2. Keep The Lights On refleja, en paralelo, un mundo queer poco o nada explorado en el cine de temática homosexual reciente. Erik es un director de documentales que trabaja en una película sobre Avery Willard, un icono de la escena queer de los años sesenta. El personaje queda descrito dentro de un contexto cultural muy concreto: asiste a exposiciones de artistas emergentes, mantiene una vivísima vida social en pubs y restaurantes, está en contacto con gente relacionada con el mundo del arte y disfruta de un estatus de creador libre que puede vivir cómodamente sin ser reconocido al salir a la calle. Erik, en definitiva, representa el homosexual que ha podido elegir su vida y vivir su condición de forma plena, pero cuyo mundo perfecto va descorchándose hasta dejar al descubierto la superficialidad de ciertas corrientes gays ajenas a su ambiente: al fin y al cabo, el primer contacto con Paul se produce a través de una línea telefónica erótica, las adicciones de su pareja rompen de forma sistemática su estudiada rutina, y los conocimientos de Erik, su plena consciencia del mundo queer que le precede, marca una diferencia con su círculo de amistades, aunque estas se incluyan en una órbita media-alta (una lectura totalmente justificada, ya que Ira Sachs rinde homenaje en Keep The Lights On a ciertos nombres fundacionales de la cultura queer: desde el citado Avery Willard hasta el fallecido músico Arthur Russell, cuyas piezas suenan en el film, pasando por el pintor Boris Torres, pareja del director y cuyos retratos vemos en los títulos de crédito). Parece, en resumen, que el título también podría ser una mención a esa 'luz' que pone su director a algunos de los principales nombres del ser y sentir homosexual, no siempre reconocidos desde la cultura 'reinante', ni tan siquiera dentro de la órbita gay.


3. Por todo ello, Keep The Lights On es una película sumamente especial que precisa de públicos muy concretos. Sus citas a lo queer son tan marcadas que pocos sabrán apreciar el bagaje que circunda la historia, y su clásica trama de amor tortuoso, con la peculiaridad de estar encarnada en este caso en dos hombres, puede resultar demasiado tradicional para cierta crítica y demasiado transgresora para los sectores de público más anticuados. Keep The Lights On, en definitiva, no tendrá las cosas fáciles para llegar a su público potencial: su alma intelectual va más allá de la expresión kitch de siempre, y su identidad homosexual va más allá de la banalidad de cierto cine que sucumbe a la belleza y a la provocación de las escenas más subidas de tono. Mantengamos, pues, las luces encendidas: la intuición nos dice que no tardaremos en reivindicar Keep The Lights On como una de las propuestas más personales y a contracorriente de los últimos años.


Para ensanchar los dominios del cine queer.
Lo mejor: Thure Lindhart.
Lo peor: El personaje de Paprika Steen aporta muy poco.

Nota: 7

2 comentarios:

Joan R. López dijo...

Queda apuntada. Por el argumento que comentas y las imagenes, parece una película muy interesante.

Saludos

Hemos visto
http://hemosvisto.blogspot.com

Descubrepelis dijo...

La verdad es que a mi no me convenció demasiado...