jueves, 21 de marzo de 2013

Crítica de LA FRÍA LUZ DEL DÍA, de Mabrouk El Mechri

Hay actores, directores y otros miembros del artisteo que no saben cómo justificar unas vacaciones en Europa. La fría luz del día ha sido rodada parcialmente en Madrid, pero más allá de alguna escena en el Parque del Retiro o la famosa Gran Vía de la capital nada hace indicar que estemos ante un paisaje español acogiendo la locura de un thriller 'tipical yanki'. El film, eso sí, aunque indirectamente, tiene un toque zarzuelero y chapurrero muy del gusto de una parte rancia de nuestro cine. Cuesta tomar en serio a La fría luz del día cuando ni ella misma parece creerse sus trolas. La historia avanza a trompicones, concatenando carreras, persecuciones y giros imposibles que en lugar de dar consistencia al misterio causan una peligrosa hilaridad. Y como el espectador está obligado a ver el film 'desde fuera', sin ser partícipe del embrollo conspiratorio que encarnan las viejas glorias Weaver y Willis, la película acaba por encontrar su gran punto a favor. De nuevo no por méritos propios. ¿Por qué lo decimos? Porque La fría luz del día está tan pasada de rosca, en tan inversemblante y en definitiva es tan mala que cumple las funciones de chiste contagioso. Vaya, que uno no puede parar de reir. Tampoco de ver la película. Y al final los escasos 80 minutos de metraje son casi una fiesta 'a la inversa', un delirio que hará las delicias de los que se diviertan buscando gazapos y masacrando las interpretaciones de sus actores (la aportación de Óscar Jaenada es directamente un sketch barriobajero y autoparódico). Si son cinéfilos de bien, ni se acerquen. Si son de aquellos que se cachondean de todo, ya tardan en calentar las palomitas en el microondas. Cine malo, sí, pero tan churrero que encuentra sin buscarlo un lugar de honor en la estantería de frikadas con gracia. Aunque su estilo sea precisamente un 'no-estilo' y solo sirva como cara B de los éxitos ochenteros y noventeros de sus cabezas de cartel. Al menos tanto ir y venir por un Madrid postizo le ha servido a Cavill para cincelar su cuerpo en vistas del nuevo Supermán. Sin olvidar que se habrá zampado junto al equipo del film alguna tapita, gazpacho o bocadillo de calamares en la ciudad del oso y el madroño. '¡Qué listos, estos del cine!', que dirían los malpensantes...


Para cinéfilos de videoclub que rezan a Seagal y compañía.
Lo mejor: Sus defectos son paradójicamente sus virtudes.
Lo peor: Verónica Echegui merecía un salto a Hollywood por la puerta grande.

Nota: 4'5

1 comentario:

Rafa Jimenez dijo...

Floja hasta para quien solo busque echar un rato sin mas.
Lastima lo de Verónica Echegui, no será recordada por esta película.
Saludos Xavier!