domingo, 14 de abril de 2013

Crítica de LOS ÚLTIMOS DÍAS, de Àlex y David Pastor

1. Con motivo del estreno de Los últimos días se ha podido escuchar un debate que debería darnos vergüenza. Se ha discutido hasta qué punto es útil un cine español que filma desde sus innegables limitaciones una historia de corte fantástico que los norteamericanos ejecutan habitualmente con un presupuesto mayor, si bien eso no siempre implica unos resultados mejores. El tema debería sentenciarse con los dos argumentos que siguen. En primer lugar, el cine español, como cualquier cinematografía más o menos pequeña, tiene y debe tener la necesidad y la legimitidad de contar sus problemas locales recurriendo a formatos de corte internacional, camino que ciertos autores vienen transitando con éxito durante mucho tiempo y que permite la venta de nuestros productos al extranjero. Y en segundo lugar, la existencia de una generación de técnicos y artistas preparadísimos, cantera venida de las diferentes y fructíferas escuelas de cine españolas, ha permitido a nuestro cine tener un empaque visual como mínimo notable, algo que solo podemos conseguir si esos nombres del presente y del futuro encuentran proyectos como Los últimos días, y con ellos la posibilidad de trabajar dentro de nuestras fronteras.


2. La influencia de los Estados Unidos, con todo, es tan evidente como inevitable. Hay, eso sí, diferentes maneras de reciclar el conjunto de referentes yankis o paralelos, y gracias a eso un trabajo como el que nos ocupa puede insertarse dentro del variopinto horizonte del cine made in Spain sin necesidad de copiar o pedir prestado el trono de otros. Basta comparar el espectáculo descacharrante y concienzudamente sin sentido de Rec 3: Génesis con el empaque clásico de Los últimos días para tener un esbozo de las diferentes líneas del thriller o terror español reciente, quedando contenida entre ambos extremos la heterogeneidad de tonos y recursos de un grupo de películas y autores que forman una corriente en alza. El cine ejerce su tiranía e impone su imaginario: nos hemos acostumbrado a que el apocalipsis sea exclusivo de las grandes urbes estadounidenses, una soberana estupidez que revela una mirada adocenada por parte del público y una preocupante carencia de ideas nuevas por parte de la industria. Los últimos días busca y encuentra su variación de la fórmula: la agorafobia es paradójicamente el elemento que enclaustra a los personajes y el escenario del pánico es una Barcelona de cielos ámbar y grisáceos. Esa es su aportación y su personalidad: si desde fuera se valora el intento, ni qué decir que tal ejercicio debería contar con más apoyo entre nosotros.


3. Valoremos, por lo tanto, Los últimos días como película autónoma sin perder de vista la tradición de terrores colectivos que la antecede. La película de los hermanos Pastor es lo más parecido a una road movie emocional entre túneles de metro y alcantarillas. Marc (un solvente Quim Gutiérrez), un ingeniero informático, encuentra en un mundo patas arriba la figura del padre (que a su vez busca a su propio padre: hablamos de Enrique, el personaje de Jose Coronado). El terror, en otras palabras, es portador de inesperados significados: el protagonista se ve obligado a 'sobrevivir', y en esa aventura encuentra las claves para, acabada la debacle, poder 'vivir'. El título, en definitiva, no se refiere a los días que acaban con la civilización tal y como la concebimos sino al periodo de transición anterior al cambio, al nacimiento de otra civilización. Esa es la novedad de la cinta: presentada bajo los membretes propios de lo fantástico, sus directores encuentran en la motivación de su héroe (la ansiada reunión familiar) la posibilidad de abrazar un misticismo poco frecuente que pretende impactar y hacer reflexionar al espectador. La película acaba siendo una suma de capas bastante interesante: al evidente homenaje a la ciudad condal se suma una historia de redención y una trama de amistad masculina que dan sentido a la causa del personaje, y con ella la de todos sus semejantes. De hecho, no hay opción más espiritual y a priori anticomercial que dejar la enfermedad que atenaza a la humanidad de la película sin explicación lógica: el símbolo puede a la ciencia.


4. Hemos dado con el elemento diferenciador: solo nos queda dar luz a las flaquezas de la historia. Y aquí enlazamos con el primer punto: aunque a nivel estético hemos llegado a una cima considerable, los guiones siguen siendo todavía la gran asignatura pendiente. A Los últimos días no le faltan ideas pero no siempre cuenta con al inventiva suficiente para plasmarlas. De esta manera, la película se divide en dos partes poco armónicas. En un inicio la trama in media res se sucede con flashbacks de lo sucedido antes de extenderse el pánico, una decisión criticable que aporta más bien poco: un arranque costumbrista que incluyese el elemento fantástico en mitad del metraje hubiese sido una solución más interesante, por mucho que la campaña publicitaria del film adelantase la sorpresa de la historia. Paralelamente, el segundo tramo se sucede a partir de pequeñas intuiciones que dan pie a nuevos macguffins: según esta lógica, la visión de un ciervo campando por la ciudad justifica la aparición posterior de un oso, la ambigua escena en lo alto de la torre permite al guion recuperar un personaje en la revuelta del supermercado, y la inconclusa desaparición de otro personaje al derrumbarse un edificio hace posible la pervivencia del misterio final (saber si el reencuentro se producirá en un espacio exterior aparentemente inexpugnable). Demasiado truco y retruécano, en definitiva, para explicar una historia en el fondo más apegada a lo intimista que a lo espectacular.


5. Los últimos días, en resumen, es una película meritoria pero irregular. La obligación de responder a los códigos del género y al mismo tiempo alterarlos con nuevas aportaciones es un trabajo magno que no se resuelve con equilibrio: de ahí que el público conformista critique una falta de ritmo que, sin ser alarmante, es fácilmente detectable; y de ahí que los que quieran explorar más universos que el estrictamente apocalíptico estén en su derecho de pensar que los hermanos Pastor, a la hora de desvelar todas sus cartas, dan gato por liebre. Merece atención su narrativa con ecos de Comac McCarthy, pero el exceso de datos acaba matando el interés de la audiencia. Los últimos días es innegablemente una crítica a la falta de humanidad de una sociedad global y tecnológica con un reverso absolutamente cruel y frustrante: ahí está el personaje del vecino anciano, invisible por culpa del mal colectivo de 'no querer ver' o 'no poder salir', para jugar con los argumentos filosóficos que queramos. Pero el hecho de que la historia tenga varios finales posibles resta potencia a todo el conjunto, no tanto por la multilectura de su plano final sino porque la película podría terminar en cuatro o cinco momentos diferentes de la acción y ser una unidad de significado plenamente sólida. Los últimos días es un paso más hacia la 'película total' que nuestro cine, a base de tanto intento y talento, puede conseguir en breve. Eso si las tijeras del PP y el prejuicio colectivo hacia el cine español no acaban sentenciando la verdadera apocalipsis del sector. Porque una de las posibles interpretaciones de Los últimos días podría ser la exposición de una cinematografía que o bien no quiere o bien no puede salir al exterior a proclamar su multilingüismo, en sentido literal y figurado.


Para exploradores de películas complejas.
Lo mejor: Defensores y detractores concordarán que la película tiene atmósfera.
Lo peor: Dista de ser el golpe de autoridad que precisa nuestra industria.

Nota: 6

2 comentarios:

ikusidugu dijo...

Al final nos va a quedar por el DVD... no se puede estar a todo

León dijo...

Interesante crítica. A mi me parece una honesta propuesta de género, que flaquea en lo mismo que las americanas, los dialogos y el guión. La factura es bastante digna y los efectos especiales cumplen con lo esperado, a pesar de que en algún momento cante la falta de presupuesto al tirar en exceso de la iluminación oscura. Quizás por eso la gente se pueda sentir decepcionada: si me ofrece los mismo puntos débiles del cine americano (guión mediocre) y no alcanza su nivel de espectacularidad ¿Por qué debería verla?
Si te interesa acabamos de publicar una crítica sobre ella:
http://lagatacongafas.blogspot.com.es/2013/04/la-humanidad-enclaustrada.html
Saludos