miércoles, 22 de agosto de 2012

Yo no soy esa: Crítica de TOMBOY, de Céline Sciamma

'Tomboy' podría traducirse como 'marimacho' o 'machona' en referencia a una chica poco femenina. La palabra también se forma de 'Tom', nombre masculino, y 'boy', 'chico' en inglés, y jugando con las letras puede formarse 'toy' o juguete. Tomboy es la historia de una niña, Laure, que finge ser un chico llamado Michaël ante sus nuevos amigos. Laure está a punto de empezar quinto de primaria en una nueva escuela y sus padres y su hermana pequeña se han mudado a una nueva casa. Bajo la apariencia de un cine austero y hermético, la película se convierte en un título mayor que trata la duda no ya sexual sino identitaria. La trama sucede en verano y Laure tiene que esconder que debajo de sus calzoncillos hay un aparato reproductor femenino que se está formando, algo que supone un problema cuando 'el niño' interactúa con sus compañeros en los partidos de fútbol o en sus baños en la playa. Pero Tomboy no es la historia de un cuerpo sino de un alma encerrada en un cuerpo. Tomboy habla de la necesidad de eliminar los prejuicios y las ideas preconcebidas que desde pequeños asociamos a las diferentes posibilidades genéticas (ser hombre o mujer). Es un error asociar el color azul a lo masculino y el rosa a lo femenino, es un error distinguir unos juguetes para ellos de otros para ellas, y es una tontería que a cada sexo se le atribuyan unos comportamientos, modos de actuación o formas de hablar. En una escena enternecedora y reveladora, Laure esconde el tubo de plastilina que utiliza para simular el pene que no tiene en la misma caja donde guarda sus dientes de leche: el objeto que sustituye aquella parte física de la que carece es parte de su ser, de su sentir, de su forma de ver la vida, de relacionarse, de entender el mundo, y por eso lo deja junto a aquellos dientes que en su día fueron parte de su anatomía.


El cineasta Céline Sciamma propone un juego constante con el concepto de género, presentando escenas típicamente masculinas o femeninas en las que el/la protagonista intenta imponer no la persona que indica su carnet de identidad sino el ser que quiere ser. Lo más inteligente de la película es que todo ello queda insertado en una rutina infantil, a modo de juegos intrascendentes: la hermana de Laure miente ante sus amigos y asegura que es genial tener un hermano mayor porque así siempre la protegerá, otro momento clave para entender que al final las relaciones son vínculos que no dependen del sexo ni entienden de géneros. La película queda descrita como un viaje a un nuevo escenario (Laure intenta conducir el coche de su padre en dirección a su nueva casa) que metafóricamente es el viaje hacia un nuevo 'estado'. El film también sucede en el bosque cercano a los bloques de pisos de los niños, lugar típico de los cuentos en el que Laure se esconde, reflexiona y se despoja simbólicamente de una blusa de chica. Tomboy es la crónica de una mentira que es un juego de niños, pero que atañe a una realidad muchísimo más seria que empezará en el momento que Laure inicie su etapa escolar. De hecho, no es casualidad que la película empiece en una esfera infantil y acabe incumbiendo a los padres. Lo que Tomboy no nos enseña es el pueblo o ciudad, la civilización y la sociedad al fin y al cabo: Laure deberá luchar siempre por defender quién es verdaderamente, porque uno es aquello que quiere o siente que es, y porque las hormonas de Laure no tardarán en abandonar la inocencia de la infancia. Una historia muy compleja, una reflexión serena y una fábula preciosa que debería educar y corregir mentes cuadriculadas. El sexo y la sexualidad son dos conceptos distintos, y niños/niñas como Laure/Michaël corren el riesgo de caer en la incomprensión y la marginalidad: si ya es difícil que en ciertas zonas rurales o ámbitos sociales se acepte la homosexualidad, explicar que el cuerpo (la carcasa) no supedita ni es un reflejo de lo que uno siente (el alma) puede ser directamente imposible. Tomboy está bien rodada, bien interpretada, bien escrita y muy bien planteada. También es una película conciliadora, sutil, elegante y capaz de abrir los ojos a mucha gente. La palabra 'tomboy' debe dejar de ser un insulto o término peyorativo, y la transexualidad no debe confundirse desde edades tempranas con una homosexualidad porque el daño que puede sufrir la persona puede ser irreparable. Nunca he creido en eso de que una película fuese 'necesaria', pero Tomboy lo es. No deben perdérsela, como cinéfilos, pero sobre todo como seres humanos.


Nota: 7'5

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2 comentarios:

Isadora Erre dijo...

Me encantó esta película. Sincera y certera. En cuanto a la critica hay algunos errores con respecto a términos y conceptos: tiendes a hablar de homosexualidad y transexualidad, pero la película no toca ninguno de los 2 elementos, sino solo (y potentemente) el del género y por ende, del transgénero (cuando la niña se viste de niño). Es una niña que se viste de niño, y es aceptada por sus padres. Pero no se presenta de manera directa la homosexualidad.
Saludos.

Xavier Vidal dijo...

Hola Isadora! Gracias por comentar.

- Digo que la duda de la homosexualidad puede aparecer más adelante cuando el/la protagonista crezca. Hablaba de la necesidad de no confundir casos así como ejemplos de homosexualidad, que es lo que ha ocurrido históricamente. En ningún momento se dice en el escrito que la película verse sobre la homosexualidad.
- Lo de la transexualidad, de nuevo, es una cuestión que atañe al futuro del niño/niña. Intentaba hablar no tanto de lo que se es sino de lo que uno (se) siente, de ahí que citase esas palabras. El hecho de que ella se vista como un niño es algo más complejo...

Espero haberme explicado bien.
Saludos!

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