viernes, 16 de marzo de 2012

Crítica de la TRILOGÍA PUSHER, de Nicolas Winding Refn


Nicolas Winding Refn empezó su filmografía con Pusher, película que acabaría formando una trilogía. En este magno proyecto, el danés se propone retratar la Dinamarca más oscura: la que concierne al tráfico de drogas, a la propia drogadicción, a la corrupción. Las estadísticas dicen que Finlandia, país nórdico, es el que mayor número de suicidios registra al año en relación a su total de habitantes. La trilogía destapa esa Dinamarca de personajes suicidas, bestias nocturnas que viven en paralelo a la sociedad del bienestar. Sus personajes no conocen otro código que no sea el de la lucha, la pistola en mano y las transacciones ilegales. Los códigos de honor y amistad no existen: cualquiera es válido si puede salvarnos de un apuro, darnos dinero, cubrirnos las espaldas cuando las cosas se ponen chungas. Son seres irreflexivos que no miden las consecuencias de sus actos: entran 'partiendo la pana' y 'liándose a leches' con quien haga falta, cuando haga falta, en donde se precise. No hay posibilidad de aprendizaje, de reinserción, de retorno a la senda correcta, por lo que los caminos de sus personajes siempre son rampas empinadas y resbaladizas que acaban a las puertas del mismísimo infierno. Propuestas que sacuden, que en algunos momentos llegan a ser tan trepidantes como el mejor cine negro norteamericano, y que sobre todo nos proponen un cine totalmente diferente al que se suele hacer en Europa. Una tríada de films imprescindibles para cualquier cinéfilo.

PUSHER: UN PASEO POR EL ABISMO (Dinamarca, 1996)
Visto con perspectiva, resulta muy curioso que entre Pusher y las primeras películas del Dogma 95 sólo haya meses de diferencia. Esta primera parte tiene las mismas sacudidas de cámara que Celebración o Los idiotas, y encima lo hace centrando el objetivo en gángsteres cotidianos, perfectamente posibles en una ciudad tan grande y gris como Copenhague. La película se construye sobre una cuenta atrás, el tiempo que tiene Frank para devolver un dinero que no tiene después de que la policía lo pillase en medio de una operación ilegal importante. Winding Refn intimida y persigue el personaje hasta verlo totalmente desquiciado, y el espectador se deja contagiar por el mismo nervio. Pusher es un viaje a un túnel cada vez más oscuro. El personaje ha construido a su alrededor un mundo tan podrido que ahora, sin bote salvavidas, se ahoga poco a poco sin nadie a quien llamar a la puerta, yendo de un extremo a otro de la ciudad sin rumbo fijo, comiéndose las uñas, mirando obsesivamente el reloj. Un extraño de sí mismo. Un antihéroe. Un miserable. Pusher funciona: la acción se centra en el camello amenazado de muerte y en parte uno desea que todo se arregle para Frank. Pero a la vez Winding Refn objetiviza su relato y dibuja a una bestia hacia la que sólo puede sentirse asco y pena. Pusher explica la semana de una agonía. El fluir del agua que acaba engullida por el fregadero. El bajar de la basura a punto de ser triturada, machacada y transformada en algo todavía más inerte. Brutal y descorazonadora, asquerosa cuando debe serlo, Pusher es la película más compleja, el divertimento más endiablado de toda la filmografía de Winding Refn. Para este blog, su mejor película. También la mejor de la trilogía. Hay que verla. Nota: 7

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PUSHER 2: CON LAS MANOS ENSANGRENTADAS (Dinamarca, 2004)
Al inicio de Pusher 2, Tony, personaje secundario de la primera parte (impecable caracterización e interpretación de Mads Mikkelsen), está a punto de salir de la cárcel. Su compañero de celda le dedica un discurso que simbólicamente será la gran metáfora de la película: el preso vaticina que Tony no sobrevivirá afuera porque la miseria atrae a la miseria y porque una vez entrado en la espiral delictiva no hay quien pueda salir. Tony sale e intenta sobrevivir, pero todos los que conoce son gente de mal vivir. Sabe, sabemos, que volverá al trullo. Tarde o temprano. O en el tanatorio. O apaleado en cualquier cuneta de la capital. Tony se debate entre seguir jugando con fuego o dar un paso adelante hacia la salvación, muy difícil cuando tu padre se dedica a vender coches robados y cuando tu hijo no sabe de tu existencia. Las tensiones del personaje funcionan a la perfección: vive en una encrucizada, y Winding Refn filma el seno de una familia corrupta con la normalidad de quien estuviese fotografiando a unos obreros más de Copenhague. El problema es que la película no tiene el sentido de la acción de la primera entrega. Es la más lenta de las tres, puede que la más reflexiva, pero como material cinematográfico inflamable se queda un poco en tierra de nadie. Aunque en esta segunda parte está la esencia de la forma y el mensaje de la saga, así que funciona como perfecta visagra entre la primera parte (más radical y desnuda) y la tercera (en la que definitivamente la narración se centra en un modelo de familia mafiosa que esta segunda parte solo presenta). Manos ensangrentadas que, por mucho que se laven, siguen sucias. Nota: 6'5

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PUSHER 3: SOY EL ÁNGEL DE LA MUERTE (Dinamarca, 2005)
Milo es un inmigrante serbio que vive en Dinamarca. La noche en la que sucede el film se promete estar lúcido. No va a beber. Porque es un drogadicto. Y en pocas horas coordina su negocio de tráfico ilegal de droga, organiza la fiesta de cumpleaños de su consentida hija y tiene que hacer frente al pago de una partida de éxtasis. Mismos escenarios, mismo prototipo de personajes que las anteriores partes de la saga Pusher. Pero esta tercera parte, rodada casi de forma consecutiva con la segunda entrega, no está a la altura de las demás películas. Quizás es que uno conoce el funcionamiento de la historia. La cuestión es que en Pusher 3 no hay ninguna sorpresa. Todo sucede según lo previsto, en una especie de caos controlado, repitiendo los esquemas de la primera parte. Si en la primera parte el protagonista era un mero peón en manos de las cabecillas, si en la segunda entrega todo giraba en torno al hijo de un corrupto, aquí el mafioso, el capo, el rey es personaje central. Se repiten clichés, no solo del género (seguro que Winding Refn vió y admiró Los Soprano), sino de la propia saga. Así que Pusher 3 huele a refrito. Y para colmo, Refn acaba la película de la forma más exagerada: con el descuartizamiento explícito de un cadáver, una de las escenas más desagradables que recuerda este blog. Una forma de simular gravedad cuando la historia carece de contenido. Es la más gratuita de las tres, la más prescindible, pero de alguna manera viene a completar el círculo de la saga: funciona mejor en conjunto que como película independiente. Aquí la crítica social queda relegada a un papel secundario y todo es más gore y engolado. Para el recuerdo: la gran interpretación de Zlatko Buric. Nota: 6

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2 comentarios:

Travis Bickle dijo...

Buen analisis de la cintas de Refn. Quisiera hacerte una pegunta: la unica pelicula que vi del director fue Drive y me parecio malisima, no me gusto el ritmo que tiene el film, me resulto muy lento y el final demasiado predecible, muy cliche. Me importo muy poco la estetica y las escenas videoclips q x me resulta mas interesante la historia en si q los apartados tecnicos. Tu me recomiendas las pelis de Pusher sabiendo lo que pienso de Drive?

Xavier Vidal dijo...

Travis: Te recomiendo Pusher. De hecho si buscas la reseña que hice de Drive (y las de Bronson y Valhalla Rising) verás que no me gustaron mucho. Pusher es mejor, sobre todo la primera parte. Ahora bien: si la primera peli no te gusta, déjalo estar, porque toda la trilogía tiene un tono muy parecido.
Gracias por comentar!