lunes, 10 de septiembre de 2012

Amor, pescado y crisis: Crítica de LA PESCA DEL SALMÓN EN YEMEN, de Lasse Hällstrom

La pesca del salmón en Yemen es una película acorde con los tiempos que corren. La historia de un jeque árabe que quiere impulsar la pesca del salmón en las tierras áridas de su país se parece mucho a cualquier maniobra derrochista que se ha hecho con la crisis. De alguna manera ese río repleto de peces de importación parece una parodia de todos los despropósitos a golpe de talonario que se han financiado en los últimos años, sean aeropuertos o estaciones de tren en mitad del desierto. También el final de la película, que no desvelaremos, está a tono con esta asociación de ideas. La broma se completa si en lugar del jeque ficticio pensamos en el multimillonario estadounidense y su Eurovegas. Y el personaje que interpreta con maestría cómica Kristin Scott Thomas, de largo lo mejor de la película, da sentido a muchas de las cosas que ocurren hoy en día: Thomas, secretaria del Primer Ministro Británico, busca desesperada buenas noticias para calmar los ánimos del colectivo, algo que los medios de comunicación españoles hacen cada dos por tres con tal de evitar el espinoso tema económico, ya sea sacando a la luz anécdotas de lo más intrascendentes como la restauración del Ecce Homo, la masturbación filmada de la concejala de turno o 'la tristeza' de un futbolista. Sin hablar de la caricatura que el film hace de su político estrella, casi una parodia, de nuevo rabiosamente actual, de la hipocresía de nuestros dirigentes. Con todo esto queda claro que La pesca del salmón en Yemen tiene mucha miga y que de ella, como ya sucedía en la también británica y 'agradable' El exótico hotel Marigold, se pueden extraer los claroscuros de la sociedad moderna, globalizada y tecnológica. Aunque esa no es la intención o al menos el objetivo primero de la película porque lo dicho anteriormente es el contexto complejísimo de una historia de lo más banal. La pesca del salmón en Yemen es un cuento de amor con todos los tópicos, las tonterías y los giros de trama esperados. Una lástima porque el guión tiene pequeños ramalazos de ingenio y porque la primera media hora parecía encaminada más hacia una Up in the air que a El diablo viste de Prada (¿o será que la presencia de Emily Blunt lleva a engaño?). Que la espesura de las ramas y lo desternillante de su premisa argumental no nos impida ver la vacuidad del bosque. En otros tiempos no tan remotos La pesca del salmón en Yemen hubiese tenido como cabezas de cartel a Andie Macdowell y Hugh Grant. Así que de lo nuevo de Hällstrom, rey de la empanada azucarada, me quedo con el envoltorio y desecho toda la historia de amor en tiempos de crisis tanto económica como anímica de los personajes. La tara es que cuando uno es consciente de qué pie cojea la película lo demás resulta tan obvio como la sapiencia de que los salmones siempre nadan a contracorriente. Y aquí es donde reside, reflexiones aparte, el gran tropiezo del film: La pesca del salmón en Yemen aburre.


Nota: 4'5

1 comentario:

eric waits dijo...

La vi ayer precisamente y debo decir que me dejo un poco igual. Si, un poco Hugh Grant. Aunque no se porque esperaba algo mas que una comedia graciosa ... seran los recuerdos de la sidra!!!!!!