viernes, 19 de marzo de 2010

Crítica de I'M NOT THERE

Febrero rescató la aún nueva película de Todd Haynes, aunque su inexistente taquilla parece indicar que nadie recuerda la nominación al Oscar que obtuvo Cate Blanchett, éxito que se repitió, esta vez en forma de premio, en el Festival de Venecia y en los Globos de oro. Recuperar la película es un acto de justicia cinéfila porque Todd Haynes, activista gay con su film Poison y excelente creador con la brillante Far from Heaven, es uno de los cineastas más interesantes del panorama actual, un creador que ha preferido correr en paralelo al magno Hollywood y erigirse como nombre bizarro, imprevisible, atractivo y enigmático al dirigir cuatro películas en veinte años. I'm not there, por lo tanto, nace de la cávila y su caos proviene de un ejercicio matemático impoluto, sorprendente, capaz de alterar (algunos dirán reinventar) las formas del biopic tradicional. Sorprende que, entre tanta contemplación, la película no llegue a cuajar, sobre todo en un tramo final que se enreda sin motivo alguno. Para salvar el experimento, tal vez para cuadrar una ecuación que no debería admitir decimales, el elenco de actores (largo y variado, inusual) compensa los excesos y nos regala las más notables alegrías del conjunto: desde Cate Blanchett, más andrógina que nunca, hasta Heath Ledger, desaparecido de forma trágica y prematura; sin olvidar a Charlotte Gainsbourg o Julianne Moore, actrices por las que este blog siente auténtica debilidad. La extraordinaria selección musical completa el hechizo de una película inclasificable, menos satisfactoria de lo debido, más larga de lo estrictamente necesario, y aún así intensa, onírica, viva. La esencia de Dilan lo impregna todo, aunque pueda tener la cara de un niño afroamericano de once años. Ésta no es una película para admiradores, fans o rockeros nostálgicos: el público potencial de I'm not there está en la cinefilia alternativa, y la carrera del film, como ocurrió con Control o Let's get lost, vivirá mejores momentos con el dvd. El imperfecto complemento del No direction home de Martin Scorsese.



Retales de maestría y exceso, hay momentos en los que, como indica su título, parece no haber director ni domador para tanta bestia. Este analista no acaba de entender el episodio de Richard Gere, pero disfruta con los Christian Bale, el apartado documental de Julianne Moore o la mezcla de realidad y ficción, blanco y negro. I'm not there es lo más parecido a un biopic de, por ejemplo, David Lynch: por algo el espectador va perdido y a la expectativa durante dos horas de incertidumbre, no sin recurrir a la paciencia más amable. Dudo que Haynes la haya diseñado para verla de un tirón, también que se la haya calificado como obra maestra. Demasiadas dudas, demasiado Dylan: dejémoslo para próximos visionados...



Nota: 6

6 comentarios:

Cinemagnificus dijo...

Me pasó igual cuando la vi bajada de Internet hace dos años: retazos buenos y no tan buenos, muchas dudas... Y ese episodio de Richard Guere que nadie encaja XD

ElChapa dijo...

Hace tiemmpo que quiero ver esta peli, la tengo acá hace bastante.

Paso a dejar unas notas.

"Crazy Heart": 7/10
"Alice in Wonderland": 7/10
"Shutter Island": 8/10

Saludos Sospechosos

Alejandro A dijo...

esa película es bastante confusa, me siento completamente identificado con tu crítica porque es exactamente como la sentí

Nemo Nadir dijo...

Comentario en dos partes. Parte 1:

Que Todd Haynes es un mitómano y le gusta el Rock & Roll es algo que quedó claro desde que hiciese un batiburrillo de las vidas de David Bowie, Iggy Pop, Lou Reed, Mick Jagger y Jobriath para contar en Velvet Goldmine su particular historia del Glam. Con I'm Not There ha abordado la biografía de un personaje aún más complejo, como es la insondable figura de Bob Dylan, un bocado tal vez demasiado correoso de tragar. Este es un verdadero/falso biopic de Dylan con verdaderas/falsas imágenes de archivo y verdaderas/falsas canciones de su objeto de estudio. I'm Not There se abre con una referencia al famoso accidente de moto de Dylan en 1966, en el reconocible estilo del documental Don't Look Back, rodado por D.A. Pennebaker durante la gira británica de 1965. La siguiente imagen está extraida directamente de Desolation Row, el poema que Dylan escribió a partir de lo que veía a través de la ventanilla de su coche en marcha. Y así continúa, plagado de imágenes que apuntan a momentos de toda la carrera del artista y de personajes tanto reales como extraídos de sus canciones, fácilmente reconocibles por el fan. Sentado el tono para el resto del film, Haynes explora sus relaciones sentimentales con verdaderas/falsas Joan Baez, su esposa Sara, y Edie Sedgwick, la modelo del entorno de Andy Warhol; con verdaderos/falsos colegas como The Beatles y Brian Jones, y verdaderos/falsos comparsas como el manager Albert Grossman y el poeta Allen Ginsberg, algunos mostrados de forma casi caricaturesca.

El director precisa de seis actores para englobar cada una de las facetas de la poliédrica figura de Dylan. Una decisión aventurada que, a pesar de dar pie a algunas escenas superfluas que resultan un tanto pretenciosas, sin embargo funciona. Un recurso que deja en todo momento la sensación de que se están mostrando diferentes caras del mismo personaje. Marcus Carl Franklin es un niño negro que encarna a un personaje que se hace llamar a sí mismo Woody Guthrie y que aspira a ser como Elvis Presley, las dos influencias primeras de Dylan. Es calificado por el narrador como "el falso" y representa al Dylan en formación que se inventa su pasado. Es un contador de historias y dará paso al siguiente personaje cuando le aconsejan que viva y cante sobre su propio tiempo. Christian Bale es Jack Rollins, el profeta, el Dylan del comienzo. El que se inspira en el cantante folk vagabundo Ramblin' Jack Elliott, y deja su carrera en la cumbre. Deja de dar mensajes, para pasar al siguiente nivel. Es el Dylan que necesita crecer, dejar de ser un símbolo y de escribir canciones protesta. Más tarde reaparece como un predicador que refleja al Dylan de la época cristiana. Ben Whishaw es Arthur Rimbaud, otra influencia de Dylan. Es el poeta, el Dylan en transición de la denuncia a la imaginería poética, del sonido acústico al eléctrico. Un Dylan que se muestra en conversación, como en una rueda de prensa que parece un combate con los periodistas y que recuerda al Proceso de Kafka.

(sigue)

Nemo Nadir dijo...

Comentario en dos partes. Parte 2:

Cate Blanchett encarna escalofriantemente al Dylan icónico, al músico aceleradísimo y anfetamínico que muere con el accidente de motocicleta. Se llama Jude Quinn y hace clara referencia tanto a su origen judío, que aparece en la película como un desenmascaramiento de que tras el mito hay una persona, como a la acusación de Judas que le hacen sus seguidores. Heath Ledger interpreta al Dylan de los 70's. Un actor que hace del joven cantautor en una película, y cuya lucha por el éxito refleja la del cantante. Cuando lo logra, se ha convertido en el mismo personaje cínico y contradictorio que es Dylan. Esa no es la película que había soñado vivir. Funde en una sola historia la relación de Dylan con Suze Rotolo y con Sara. Por último, Richard Gere es el bandido. El Dylan que se identifica con Billy el Niño, para cuya película escribió la banda sonora. Es el artista maduro, un rebelde, un inadaptado marginal que hace lo que quiere sin que le importe lo que piensen sus seguidores. Vive su propia vida, no la que quieren que viva, sin hacer lo que se espera de él. Y por eso es perseguido, interpretado, visto como un traidor. De ahí sus palabras finales: "La gente siempre habla de libertad. Cuanto más vives de una determinada manera, menos libre te sientes."

I'm Not There es una película surcada de poesía y de la música de Dylan interpretada por él mismo o en seductoras versiones de bandas actuales independientes. Un film contado de manera hipnótica y con gran sentido del ritmo que, gracias a un guión milimetrado y a las extraordinarias actuaciones de todos los actores que dan vida a cada faceta de Dylan, se ve con la misma pasión que No Direction Home, el documental de Martin Scorsese sobre el artista, y de cuyo formato también bebe. Una embriagante mezcla que presenta a personajes de la época, como Richie Havens, encarnando a secundarios, y personajes actuales entrevistados como si fueran los reales. Así Kim Gordon de Sonic Youth aparece como Emmylou Harris y Julianne Moore es Joan Baez. Con auténticas imagenes de archivo y recreaciones ficticias, I'm Not There supone un visionado fascinante para fans de Dylan y una película para que lo descubran aquellos que no lo conocen. Una luz que les ayudará a comprender la hondura e importancia del artista y a interesarse por lo que hay detrás de lo que han visto. I'm Not There no intenta dar una interpretación de Dylan, no trata siquiera de explicarlo. Lo muestra en toda su grandeza, complejidad y humanidad. Un artista perseguido por su creación, por sus fans y por las lecturas que de su obra se han hecho. Un creador al que cuanto más se intenta atrapar, más escurridizo se torna. Un personaje verdadero/falso en contínua huída.

redna dijo...

Este fin de semana la he visto y si te digo la verdad estoy bastante de acuerdo con tu critica. En general el film no me convenció (Grandes actuaciones eso si).

Saludos.