viernes, 3 de febrero de 2012

Crítica de MILLENNIUM: LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES (THE GIRL WITH THE DRAGON TATTOO), de David Fincher

Pocos espectadores llegarán a la versión norteamericana de Millenium: Los hombres que no amaban las mujeres vírgenes de cualquier dato o conocimiento previo de la trama. David Fincher, considerado uno de los grandes narradores y estetas del cine reciente, tenía un gran reto al defender una historia que con sus antecedentes suecos, primero literarios y luego cinematográficos, forma parte del imaginario de cualquier lector, espectador y ciudadano que esté más o menos al día de las tendencias culturales. De haber sido una mala película, Los hombres que no amaban a las mujeres hubiese sido el arma perfecta que muchos hubieran cargado para decir que el cine de Fincher tiene tanto de artefacto visual como de poca inventiva narrativa. Afortunadamente no ha sido así, si bien no contamos con la suficiente objetividad para valorar este nuevo trabajo ya no como una nueva versión sino como un título independiente, un título de autor. Fincher se ha visto en la obligación de condensar en dos horas y media el juego de oscuridades y tramas de Stieg Larsson, algo nada fácil; y al mismo tiempo lograr un film de factura personal y potente, cine fiel a los matices y crítica social de la novela y a su nervio y sentido tanto del tempo como del entretenimiento. Los hombres que no amaban las mujeres, por lo tanto, es una película musculada, dotada de un mecanismo que funciona con precisión suiza y frialdad nórdica. No interesa tanto establecer un listado comparativo con la primera parte de la trilogía sueca como disfrutarla como una nueva vuelta de tuerca a una de las historias más interesantes de los últimos años. Como típico remake funciona, porque efectivamente logra que el relato de base llegue a una audiencia más numerosa. Como objeto de culto para fanáticos también, porque en ningún caso traiciona sus antecedentes y sus novedades son licencias propias de quien observa los mismos personajes con diferentes ojos (la novedad es que la Lisbeth de Fincher es más mansa: conserva su aspecto gótico, sigue siendo arisca e imprevisible, expeditiva en sus formas, pero es más frágil y joven, se entrega y se enamora con mayor intensidad del periodista Mikael Blomkvist, incluso visita a su antiguo agente social). Y como cinéfilo sabedor de todo lo hecho y dicho sobre Millenium, la película de Fincher deja con buen sabor de boca, incluso con ganas de más. Dejamos a Lisbeth y a Blomkvist en las calles de Estocolmo en un final que parece un punto y seguido: a riesgo de que la gallina de los huevos de oro explote, Fincher tiene carta blanca para completar su propia trilogía sin que su aura de director de culto se vea afectada, con la promesa de momento cumplida de que un trabajo de encargo puede mantener intacto el currículum de uno de los grandes de la modernidad cinematográfica.


Nota: 7'5

Si te gusta esta crítica, vótala en Filmaffinity


Lee también:


La nueva trilogía sueca: Crítica de DINERO FÁCIL

Crítica de LA RED SOCIAL, de David Fincher

3 comentarios:

daniel dijo...

Gran critica y coincido bastante aunque con menos entusiasmo. Es bastante acertado el ambiente que recrea Fincher, una pelicula oscura pero con criterio e inteligencia. Pero siendo de Fincher, uno de mis directores predilectos, siempre espero más. La pelicula está bien, pero dista de sus mejores trabajos.

Un saludo.

domive dijo...

Tras leer la crítica de arriba a abajo aun tengo más ganas de verla, y además, como la tengo descargada, tardaré poco en poder hacerlo!

Un saludo, buena crítica! :D

Rodrigo Moral dijo...

Muy acertada tu revisión, Fincher no es santo de mi devoción, pero reconozco que acá sabe equilibrar la popularidad de la historia con su cine de culto, volviéndola imprescindible aún para quien sepa cómo termina esta primera gran parte.
De hecho, el espectador se llevará unas cuantas sorpresas.

La película no me pareció tan buena (no me llegó a trasladar del todo, ni a hacerme sentir el peligro), pero técnicamente es excelente. Y su trabajo como director es sorprendente (al menos para mí, que insisto, lo quiero poco)

Saludos.