lunes, 8 de octubre de 2012

Feliz, felicísimo: Crítica de UN FELIZ ACONTECIMIENTO, de Rémi Bezançon

Un feliz acontecimiento forma parte de ese tipo de películas que últimamente escasean: el cine que nos hace sentir bien. El éxito reciente de Intocable ha demostrado que en tiempos de crisis necesitamos más que nunca de un cine blanco pero certero. Y visto que el llamado cine comercial no puede ofrecernos buenos ratos de evasión y que ese otro cine festivalero lleva demasiado tiempo con un semblante serio, tendremos que volver al cine francés para conseguir sonreír y sentir que la vida no solo sucede en la pantalla sino que la vitalidad de las imágenes se cuela poco a poco por los poros de nuestra piel, como siempre debe ser, como dicta la contemplación y la fascinación artística. Un feliz acontecimiento tiene momentos de absoluta joya. Más que pequeña es una película humilde, clara, que sabe delimitar muy bien la fantasía de la realidad y que incluye con una facilidad y una efectibidad pasmosas pequeños destellos de gracia en una historia que cuenta 'la historia de siempre', el acontecimiento no por sabido menos gratificante: el romance, el embarazo, el nacimiento del bebé y la difícil vida en pareja. Bezançon, que ya salió exitoso del retrato familiar de El primer día del resto de mi vida, tiene un dominio especial para filmar lo cotidiano desde una perspectiva mágica, como si las grandes revelaciones de sus historias fueran nada más y nada menos que el discurrir natural de la vida. Un feliz acontecimiento transmite una joie de vivre increible. Otros habrían convertido la historia en una excusa para llegar a un público que lleva demasiado tiempo entendiendo lo ñoño como romántico. Bezançon nunca pierde el norte de su obra y eso convierte Un feliz acontecimiento en una historia que invita a soñar y al mismo tiempo a mantener los pies pegados al suelo: es el mejor cuento de amor y maternidad en mucho tiempo, y además nos brinda escenas de una belleza enternecedora como la batalla de películas en un pequeño videoclub. Esto sí que es romance y ruptura sin las florituras, tonterías y clichés del romance y la ruptura. Una película agridulce que se desmarca inteligentemente del cine social y del realismo mágico. Todo lo que vemos inspira verdad y a la vez es cine. No engrosará la lista de grandes nombres del 2012 pero sí alimentará el alma. Feliz, felicísimo acontecimiento.


Nota: 6

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1 comentario:

Santiago dijo...

la verdad es que la película me pareció muy buena, muy familiera y con un poco de drama también. la vimos con mi novia en mi el alquiler temporario en buenos aires en donde estoy viviendo y aprovechamos una noche de lluvia para quedarnos en casa.

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