lunes, 10 de octubre de 2011

Crítica de EL NIÑO DE LA BICICLETA (LE GAMIN AU VÉLO), de los hermanos Dardenne

El amor se da o se recibe, nunca se implora. El niño de la nueva película de los hermanos Dardenne inicia un viaje desesperado por recuperar su bicicleta, aunque realmente lo que está demandando es el amor, el afecto, el cariño, la comprensión de un padre irresponsable. Su carácter es airado, actúa a modo de impulsos y parece retraido: tiene rabia e impotencia, sabe que esta es su última oportunidad de recuperar la normalidad en su vida y no la va a desaprovechar. Y como el amor más bonito es el que nace del desinterés y la empatía, el chico recibe la inesperada ayuda de una joven que hará de madre, maestra y tutora. No busquen en El niño de la bicicleta un nuevo retal para ese mosaico de personajes desestructurados que es el cine de los Dardenne. Jérémie Renier, quien interpretara el prototípico joven a la deriva e irresponsable de los directores, es aquí la figura paterna esquiva que da el relevo al joven Thomas Doret, un niño con nervio, un portento, la revelación del año. Después de más de una década hablando de padres e hijos, los seres que habitan el mundo ficticio pero posible de los Dardenne se han revelado. En un tiempo de crisis económica, los sabios belgas han entendido que otro relato de miserias sociales y existenciales no hubiera sido lo más adecuado. Con El niño de la bicicleta, el cine de los Dardenne abraza la esperanza como nunca antes lo había hecho. Para lograrlo, vuelve a recurrir a los planos directos e impudorosos marca de la casa, pero sus imágenes tienen alma y calor. Hablan del amor, sobre todo, de la fidelidad y del perdón, sin moralinas, sin discursos fáciles, sin recurrir a obviedades, sin que el seguidor de los Dardenne detecte la fatiga de un estilo visual que con El silencio de Lorna parecía acabado.


El niño de la bicicleta es un cuento emocionante, lleno de vida; viene a decirnos que no podemos vivir de espaldas a los que sufren, que cada ciudadano es responsable de las diferencias sociales y tensiones que pueblan las calles de una Europa plural y patas arriba, y que todos tenemos el derecho de recibir una seguna oportunidad. Rosetta, la gran luchadora dardeniana, acababa su periplo cerca de la caravana donde vivía con su madre. El padre de El hijo termina confensando su dolor, pero no desprendiéndose de él. El devenir de los adolescentes de El niño no era nada halagüeño. Lorna terminaba durmiendo en una cavaña perdida en un bosque lejos de la civilización que nunca la quiso. El niño de la bicicleta empieza con un niño buscando a contrareloj el salvavidas que lo mantenga a flote y acaba sin prisas, habiendo conquistando la estabilidad que anhelaba. Aunque el futuro continúe siendo incierto y los peligros de la marginación social, la delincuencia, la drogadicción y el desempleo sigan acechando, porque el niño del film ha nacido para luchar. Y por primera vez, vence. Nos quedamos con eso: aunque el mundo se vaya a pique, un final feliz es posible.  Un gran mensaje, sorprendente si viene de parte de dos de los más grandes pesimistas, críticos y escépticos del cine europeo. Una gran película.


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Nota: 8

3 comentarios:

Manel dijo...

Hola Xavi, Parece interesante, Sabes fecha de estreno y los cines de Catalunya donde se proyectara?
Muchísimas gracias.

Xavier Vidal dijo...

Hola Manel!
En España se estrena el viernes 28 de octubre. Pero creo que lo hará con muy pocas copias: ese mismo viernes se estrenan Criadas y señoras, Habemus Papam, Eva y Las aventuras de Tintín, así que me imagino que la proyectarán solamente en las capitales.
Saludos!

Manel dijo...

Si Xavi, vivir fuera del área de influencia de Barcelona es como vivir en el tercer mundo.
Muchas gracias