martes, 4 de junio de 2013

Crítica de BEHIND THE CANDELABRA, de Steven Soderbergh


Cada nueva obra de Soderbergh sirve para renovar nuestra admiración hacia su filmografía. En veinticinco años Soderbergh ha dejado una nómina extensa de películas, de temas y tonos variados. Estamos ante un narrador puro: busca buenas historias, y cada historia requiere un modo de proceder, una estrategia de rodaje y un aparato promocional que Soderbergh emprende siempre con pericia y casi siempre con buena nota. Behind the Candelabra, telefilm de la HBO, podría parecer una excentricidad más de su responsable, que lleva varios años amenazando con dejar el cine. Realmente estamos ante un título más de un Soderbergh siempre heterogéneo: es el único autor del que hemos visto cinco películas en tres años, y es de los pocos nombres en activo que han realizado productos comerciales e indies tanto en espíritu como en presupuesto, complacientes o polémicos según el caso respecto el star system de Hollywood. Puede que Soderbergh no deje una de las carreras más brillantes de la modernidad, pero en un tiempo donde se impone el conservadurismo en todos los aspectos es gratificante encontrar directores tan arriesgados, con gran capacidad de mutación y adaptación, con infinita curiosidad por explorar el alma humana en todas sus vertientes. Estamos ante una película que bien podría marcar la bajada del telón: Behind the Candelabra, no por casualidad, conecta con la ópera prima de Soderbergh Sexo, mentiras y cintas de vídeo por su exploración de los intrincados mundos del afecto, la mentira, la manipulación y el materialismo (el círculo se cierra); y a esa relación, el cinéfilo atento sumará otra, ya que Michael Douglas no solo realiza aquí su regreso por la puerta grande tras sufrir un cáncer de garganta sino que renueva el papel de seductor al que dio vida en infinidad de thrillers, añadiendo además una historia que se adapta a sus capacidades como intérprete y que en todos los sentidos sabe a despedida definitiva del cine (muchos mitos del séptimo arte pagarían por acabar su andadura con el estupendo y recurrente plano final de Behind the Candelabra).


El de Soderbergh es un cine de procesos: interesa más la gestación del robo a un casino que los entresijos del gran golpe (los tres Ocean), presta más atención a cómo se forma una epidemia mundial que en el verdadero impacto del virus (Contagio), analiza el funcionamiento interno de quienes forman parte del negocio de la droga montando las imágenes según las relaciones que se establecen entre los personajes (Traffic). Behind the Candelabra tiene la misma estructura, recogiendo de la pasada Magic Mike el interés por lo que sucede entre bambalinas. Estamos ante uno de los retratos más lúcidos de la vida de una estrella de la música, el análisis minucioso de las carencias y querencias de una reinona tan virtuosa en el piano como acomplejada en lo personal. La película recorre transversalmente los diferentes estados que van del apogeo mediático a la caída a los infiernos (Douglas merece el Globo de oro), todo reflejado en el personaje del 'acompañante', ayudante, novio, alter ego y finalmente némesis del artista (espléndido Matt Damon). Behind the Candelabra narra las complejidades del maestro y la oscuridad del discípulo, nos sumerge en un mundo de lentejuelas y apariencias, de aparente pompa y enorme vacío interior. No suena a nuevo, hay que reconocerlo, pero pocos son capaces de escribir diálogos tan acertados y filmar con tanta precisión la relación de dos hombres huérfanos que no conocen la frontera entre la persona y el personaje. El cine norteamericano, por lo general, cae en la mojigatería, pero Soderbergh nunca: ver a Douglas y a Damon sentados en el sofá con la complicidad de una pareja real es un logro inmenso, y eso es posible tanto por la trayectoria de Soderbergh como por las tablas de los actores, que repiten además con el director. Behind the Candelabra rasca la pared de la frivolidad y encuentra un tesoro: entre citas a lo kitch, hortera y recargado habita la humanidad de unos personajes confinados en un mundo cerrado de secretos, miedos y rencillas. No se dejen engañar por su apariencia de biopic o su banda de telefilm: es una gran película. Y además, puede ser la última gran creación tanto de Douglas como de Soderbergh: no la dejen escapar.


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Para interesados en el mundo del espectáculo y sus alrededores
Lo mejor: A los pocos segundos de verla sabes que marcará un antes y un después en la carrera de sus responsables.
Lo peor: Que el bagaje de cintas que tratan las oscuridades del artisteo no deje ver el riesgo de guion y dirección.

Nota: 7

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1 comentario:

Mariana Hernández dijo...

Una reflexión de la sociedad que aún no ha cambiado, me encantan las actuaciones de Damon y Douglas, de hecho ni uno es mejor que el otro. HBO hizo un excelente elección de biopic, creo que se arriesgó mucho y demostró que hace excelentes producciones.