lunes, 28 de mayo de 2012

Escombros bálticos: Crítica de BAILE DE OTOÑO (SÜGISBALL, AUTUMN BALL), de Veiko Õunpuu

En la periferia de Tallinn varios personajes se encuentran y desencuentran. Grandes bloques de pisos colindantes a largas carreteras y descampados. Vidas al borde del precipicio. Personas que reaccionan de forma brusca, irritable e irritante. En Baile de otoño primero se maltrata y luego se habla. El diálogo no es un elemento importante del cine de Veiko Õunpuu: si acaso su única función es subrayar el patetismo de sus personajes. Es un cine de atmosferas, de espacios, de estados de ánimo. Un estilo que puede resultar hermético y en el que uno solo puede desertar en el primer minuto o dejarse llevar por el director, a riesgo de que el viaje termine a la mismísimas puertas de la depresión, la apatía y la muerte. Baile de otoño puede resultar lenta pero más bien es pausada: se trata de que veamos cada uno de los palazos para al final ser conscientes del hoyo profundo, la zanja emocional que la película  abre y que, para desgracia del espectador que quiera irse a casa confortado, no se digna a cerrar. Õunpuu no es contemplativo sino despiadado, no ve crecer la hierba sino que nos presenta la tierra desnuda, carente de vegetación, con las heridas todavía en carne viva de algo que se ha desprendido. Se trata de que desde la butaca nos entren retortijones de todo tipo y ganas de mirar hacia otro lado. El cine como experiencia casi masoquista, algo que excluye al noventa y nueve coma noventa y nueve por ciento de la audiencia de la magia elegíaca de Baile de otoño. Hay sexo explícito, palizas en directo y reproches entre amantes, pero eso es lo de menos: la violencia está en lo que no se ve ni oye. Una película como Baile de otoño no se puede describir. Y tampoco recomendar, a riesgo de que los pocos lectores fieles deserten del blog. Baile de otoño se sitúa en el extremo de los extremos: no es que cueste masticar el film, sino que está directamente crudo; no es que sea frío, sino que parece esculpido sobre un bloque de hielo. Un cine cuyos bordes pinchan y cuyo centro es un agujero negro hacia no se sabe donde. Historia que irremediablemente pone de mal humor y tiene la capacidad de afear el día y la semana después de su visionado. Cine para corazones fuertes y amantes de imágenes viscerales y polémicas. Cuesta seguir los pasos del baile porque la sonata es un réquiem funesto. El antecedente de The temptation of St. Tony, con menos ironía negra y surrealismo, con todo el amargor de esta. Donde muchos crean imágenes, Õunpuu vacía y destruye. Un otoño que es un invierno. Uno de los navajazos sin anestesia más duros que este blog ha tenido ocasión de ver.


Nota: 7'5

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