sábado, 31 de marzo de 2012

ANÁLISIS: LAS REVISTAS DE CINE

Las revistas de prensa españolas no tienen nada que envidiar a otras publicaciones internacionales. En la foto: Fotogramas español, Cinemanía versión mexicana y la norteamericana Entertainment.
En el editorial del primer número de Caimán Cuadernos de cine, nuevo título de la antigua Cahiers du cinéma España, se hablaba de la importancia de las revistas de cine para generar un debate concienzudo en torno al séptimo arte. No solo se trata de ver sino de ver más allá, ver con atención y ver en toda su complejidad y dimensión. Algo muy difícil de inculcar en unos tiempos en los que pensar parece estar prohibido. Las revistas de cine tienen un papel muy importante como iniciadoras de muchas cinefilias. También sucede eso de 'dime qué revista de cine lees y te diré qué tipo de cinéfilo eres'. Las revistas, en su formato electrónico, y ante todo en su edición en papel, son necesarias y deseables tanto para cohesionar el gremio del cine como a sus posibles seguidores, y entre ambos para los profesionales, redactores o críticos, columnistas o colaboradores, que enriquecen con sus aportaciones los contenidos, secciones y páginas de Fotogramas, Cinemanía y otras.

Un año de cine (el 2010) resumido en algunas de las portadas de nuestras revistas.
En contraposición a los apartados que muchos periódicos dedican al mundo del cine, en las revistas no existe un crítico estrella que imponga su opinión. En las revistas la idea de grupo es clave, la heterogeneidad de opiniones está presente, y en paralelo los que opinan son vistos como figuras de prestigio. Muchos hemos pagado por ver una película porque alguien en una revista la valoraba con cinco estrellas, y en el momento que esto deje de suceder tendremos un serio problema. Últimamente los noticieros se han convertido en una especie de cajón de sastre en los que se agolpan y confunden noticias y anécdotas, apuntes políticos con sucesos poco relevantes. De aquí que las revistas de cine sean tan necesarias en su intención de informar ampliamente sobre el cine, con concesiones a lo más frívolo, pero sin perder de vista que el cine es mucho más que la pierna de Angelina Jolie en los Oscar, las palabras de Von Trier en Cannes o cualquier tontería aspirante a trendic topic.

Todos los números de la antigua Cahiers du Cinéma España: de El bosque de luto a Melancolía.
En lo personal, mi relación con las revistas de cine ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Al principio leía los Fotogramas de cabo a rabo, y ahora voy seleccionando y pautando las lecturas. En mi casa las revistas son como enciclopedias: busco y leo lo que quiero en función de mis visionados. Eso es posible porque la oferta de revistas especializadas en nuestro país es amplia, buena y variada. No tiene precio volver a ver un film y rescatar la revista de su mes y año, poniendo la película en su contexto y valorando qué quedó de ella, qué importancia o relevancia ha tenido ese título en el cine posterior. Muchos seguramente compran estas revistas como pasatiempos, mientras que este blog las concibe como pequeñas partes de un gran volúmen a coleccionar, para leer y releer constantemente. De aquí que muchas revistas sean apuestas de quiosco y otras resulten más adecuadas en bibliotecas, una doble realidad necesaria que debería complementarse.

FOTOGRAMAS: Es la revista de revistas, la que ha establecido un modelo de publicación cinematográfica que muchos han querido imitar o reformular según nuevas necesidades y exigencias. Es la más longeva y la más equilibrada: combina partes críticas con secciones más propias de un tablón de cotilleo. Sigue siendo la revista que mejor monta las fotografías, tiene un esquema fijo en el que se da cobertura a casi todo, tiene las mejores entrevistas, cuenta con la tabla de estrellas más amplia (y por ello relevante) y da buena cuenta de lo que llega en dvd, ya sean series, antiguos estrenos o películas lanzadas directamente en formato doméstico. PUNTOS FUERTES: Los interesantes Fotogramas de Plata, colofón de la temporada de premios local.  Sus antiguos especiales y suplementos, sobre todo los relativos a los Oscar. Su calendario. Sus anuarios. PUNTOS DÉBILES: Quizás se echan en falta más escritos de reflexión además de su editorial. En las portadas se da cobertura a poco más de una docena de actores, algo que da cierta sensación de inmovilismo que no beneficia a la imagen de la revista.

CINEMANÍA: Nació siendo la contraopción de Fotogramas pero con el tiempo ha sabido labrarse su prestigio y encontrar su espacio. Es la revista más preocupada por los gustos del gran público, algo que se aprecia en sus portadas. A veces me parece surrealista que la superproducción de turno tenga más líneas y estrellas que otra película más pequeña y casi siempre mejor. En los últimos años sus directivos han confundido cierta espontaneidad en su estilo de escritura con formas directamente a evitar: algunos aportes pecan de ser excesivamente chistosos y juveniles. En paralelo a Fotogramas, Cinemanía ha dado voz a la nueva generación de autores y actores del cine español, algo que se agradece. También es la más activa a lo que redes sociales se refiere, y tiene el mérito de ser la primera en introducir un necesario apartado seriéfilo en este tipo de revistas. PUNTOS FUERTES: Ha atraido mucho público no necesariamente cinéfilo pero sí interesado en un tipo de cine, género o estreno muy concreto. Funciona como alternativa desenfadada a otras. Es imposible no leer las chorradas de Joaquín Reyes o Pepe Colubi. Su blog es el más activo. PUNTOS DÉBILES: Sus reseñas dejan mucho que desear. La mayoría de sus reportajes denotan más fanatismo que oficio. Visualmente me parece un tanto caótica. Necesita urgentemente un corrector ortográfico y de estilo. Su obsesión por todo lo relacionado con La guerra de las galaxias.

DIRIGIDO POR...: Cuando no existía Cahiers du cinéma España, Dirigido por... ocupaba el trono de la crítica especializada y seria. Ahora quizás está a medio camino entre Fotogramas y Caimán Cuadernos de cine. Una publicación que da más importancia al texto que a la imagen. Se divide en una interesante doble parte: por un lado la reseña, casi siempre a dos páginas, de las películas más destacadas del mes, y por otra se realizan especiales a clásicos conocidos y desconocidos. La base es buena, aunque su intención de crear números temáticos dentro de la revista hace que algunos números resulten más interesantes que otros. A veces los críticos utilizan el texto como pretexto: o sea, hablan de lo que saben y quieren, aunque no tenga relación con la película reseñada. Sus reseñas están pensadas para un público que antes de leer ha visto la película, con lo que sus artículos siempre están abiertos a posibles lecturas en el futuro. PUNTOS FUERTES: Su aire francés puntúa en lo personal. Tiene los mejores reportajes de los festivales, sobre todo el de Cannes. La estructura y extensión de los textos posibilita que el crítico se refiera a las partes positivas y otras menos brillantes de cada película: se agradece que las reseñas no estén basadas en una idea de amor-odio sino de análisis serio con toda su enjundia. Recientemente incluye un acertado apunte a las películas que no se estrenan en España. PUNTOS DÉBILES: Visualmente es la revista más anticuada. Su selección de dvds da prioridad a los clásicos y se olvida de ediciones y reediciones muy necesarias.



CAIMÁN CUADERNOS DE CINE: Antes como versión española de Cahiers du Cinéma y ahora como proyecto independiente, continuista y heredero del anterior, Caimán Cuadernos de cine es el reverso de Cinemanía. Tiene un público reducido, pero intuyo que muy fiel. Tiene muy buen ojo a la hora de seleccionar su 'película del mes', título que copa la portada. Se dirige claramente a una cinefilia de ciudad, que consume cine en las salas y en versión original subtitulada. Por eso a veces peca de dar una imagen distorsionada de la realidad cinéfila: muchas de las películas comentadas son imposibles de ver para una gran mayoría de espectadores, con lo que la revista corre el riesgo de dar cuenta de unas tendencias cinematográficas, unos cineastas considerados referentes o unas 'obras maestras' que finalmente no son, o no existen. Caimán Cuadernos de cine es la más combatiente y la única que concibe el cine como arte. PUNTOS FUERTES: Sus monografías, casi siempre en relación con un autor y una película muy concreta, son excelentes. Sus reflexiones son las mejores. De sus páginas se entiende que el cine actual gira en torno a lo seleccionado en Cannes, una exageración que no deja de ser cierta. Sus lanzamientos en dvd. Sus In Memorians. PUNTOS DÉBILES: Que El árbol de la vida ocupe 20 páginas y La piel que habito solo 1 es una incongruencia, tal vez cierto esnobismo. Me temo que muchas de sus airadas reivindicaciones, como las portuguesas El extraño caso de Angélica y Misterios de Lisboa, no se impondrán con el paso del tiempo: hay un componente de popularidad y comercialidad que la revista olvida, por lo que corre el peligro de resultar desfasada. Alguna mención a los Goya, Oscars y demás se agradecería.

IMÁGENES DE ACTUALIDAD: Es la más norteamericana de la lista. Se estructura a partir de pequeñas noticias, la mayoría de relumbrón pero poco interés, relacionadas con estrenos varios. En algunas de sus páginas se habla de todo menos de cine. Y los especiales por película son un tanto caóticos: más que análisis hay enumeración de datos. Por todo esto me parece la revista más prescidible de todas las opciones disponibles en los quioscos españoles. Se nota que es la hermana pequeña de Dirigido por... enfocada a una cinefilia más pasiva o menos consolidada. PUNTOS FUERTES: La que más se presta a una 'hojeada', no a una lectura. Los no cinéfilos la preferirán por la accesibilidad de sus textos. Sus avaces de estrenos destacados. PUNTOS DÉBILES: Excesiva atención a los blockbusters y ninguneo total de festivales como el de Cannes.

ACCIÓN: Quizás la única revista que dispone sus contenidos en función de fascículos coleccionables. Por eso Acción resulta más interesante en conjunto, al comprarla mes a mes, y no leyendo números esporádicos. La lástima es que muchos de sus aportes echan mano de Wikipedia, y a la práctica uno acaba leyendo las críticas (más largas y elaboradas) de otras revistas. Y hoy en día: ¿quién colecciona fichas en carpetas teniendo internet? PUNTOS FUERTES: Sus pósters, muchos de los cuales adornan y adornarán nuestras casas. La mejor para los poco iniciados en el cine. PUNTOS DÉBILES: Puede mejorar la encuadernación. Apenas se menciona al cine asiático o europeo.

viernes, 30 de marzo de 2012

Crítica de SHAME, de Steve McQueen

 A Carolina

La reseña contiene spoilers

El cine de Steve McQueen es un cine incómodo. Pone la cámara a escasos centímetros de las caras, los cuerpos y las almas de sus personajes. Los actores se sienten violentados y eso se transmite en pantalla. McQueen habla de procesos internos que tienen un correlato en lo físico. Sus películas a veces ceden a un esteticismo tal que parecen relatos sin contenido, como si McQueen prefiriese el impacto visual de los cuerpos descendiendo en caida libre sin detenerse en aquello que motiva la bajada a los infiernos. Afortunadamente Shame es una película sumamente inteligente, muy rica en matices, generosa en símbolos, perturbadora de principio a fin por su desnudez física pero sobre todo emocional. No hay ningún amago de excitación viendo Shame, porque para el protagonista del film llegar al orgasmo es una necesidad y no el punto culminante de una relación sexual y amorosa. Shame es una película de siluetas que se retozan, y ante todo de ojos eternamente perdidos mirando al horizonte, de insatisfacciones enmascaradas bajo la perfecta carcasa del american dream. Shame habla de una infancia dolorosa cuyas secuelas perduran en la actualidad. Una infancia intuida, nunca mostrada, que describe las rugosidades del personaje, sin justificar sus arrebatos, sin restar virulencia a sus actos. La protagonista por omisión de la mejor obra de Steve Mcqueen. El fino hilo sobre el que hacen malabarismos Michael Fassbender y Carey Mulligan, ambos en sus dos mejores interpretaciones.


En Hunger Michael Fassbender representaba la resistencia y el hambre, mientras que en Shame encarna la debilidad de la carne y la insatisfacción. En el primer fotograma el actor se despierta en su cama deshecha, con la mirada perdida y una respiración que parece el último suspiro de un condenado a muerte. En esa imagen de apocalipsis emocional, con un parecido nada casual con la estampa de un Jesucristo sufridor, se nos presenta a Brandon, una persona de éxito pero infeliz, de holgada situación económica pero claramente enfermo. Su vida acoge esa metáfora del vagón de metro que no para, porque es un medio de transporte subterráneo, que está aunque parece invisible, que se mueve en bucle, del que suben y bajan rostros y cuerpos anónimos, como aquellos que Brandon llama, busca y encuentra en las calles de Nueva York. Todo da un vuelco cuando su hermana aparece en escena. El primer encuentro queda representado como un contacto truncado: Brandon habla a su hermana, pero nosotros sólo podemos ver la imagen de ella en el espejo mientras ésta se ducha. No existe mejor planteamiento visual para presentarnos estos dos seres resquebrajados, unidos por sangre y separados por un abismo de problemas, porque en verdad son las dos partes de una moneda. Todos los demás diálogos entre los hermanos son igual de frágiles: McQueen sitúa la cámara a la espalda de sus criaturas, negándoles un diálogo, un momento de calma, una catarsis conjunta. Son parecidos y al mismo tiempo  diferentes. Y su último encuentro es delante de la televisión, viendo unos dibujos animados que evocan esa infancia que no se va a mencionar pero que lo condiciona todo. Sus vidas son las de dos vagones de metro errantes. La hermana en un momento balancea su cuerpo en el andén, mientras que Brandon resta tras la línea de seguridad, manteniendo la compostura, alimentando una apariencia. Es dentro del vagón cuando el mundo de Brandon se amplifica y deja al descubierto sus telarañas: escenas en las que Brandon espía a varias mujeres, no por lujuria, sino porque es un animal herido, un depredador, un hombre enfermo.


Hay otros momentos de belleza devastadora en Shame. La escena en que Carey Mulligan canta New York, New York entre lágrimas, tal vez buscando la aprobación de su hermano, que al mismo tiempo vé como un posible salvavidas no tanto en lo económico sino en lo emocional. La canción es un homenaje a la ciudad, de la que se retratan sus bajos fondos, las zonas más oscuras, las calles más sombrías. La misma urbe por la que corre Brandon en un largo travelling, bien huyendo de su piso, bien huyendo de sí mismo. Y en relación a todo esto, McQueen abre y cierra la película con dos momentos sublimes en los que entremezcla varias escenas que no parecen tener una conexión clara. El personaje ha perdido el norte, su rutina es la repetición de un patrón de conducta, y por eso McQueen desgaja el sentido de la linealidad cinematográfica para ofrecernos retales de la vida de Brandon, partes del puzzle, flashbacks de otros flashbacks, imágenes encadenadas en las que Brandon pasa a ser apaleado en un bar, el protagonista de una orgía y el intruso de una discoteca gay. Momentos en los que el espectador se siente un náufrago a la deriva, en los que el director logra contagiarnos la desolación y la soledad de su personaje. Otras escenas que aportan esa sensación de bucle sin fin, de circuito cerrado.


La vergüenza no es un pecado capital. En este caso no es sinónimo de timidez sino de turbación. El título es recurrente y pone sobreaviso al espectador porque define la mirada de Brandon, su relación con esos actos que no puede controlar. Por eso el gran debate es si Shame es una historia de redención o no. Si Brandon encuentra la paz interior y otea la posibilidad de una nueva vida. McQueen, como todo lo importante en la película, no nos lo dice, pero nos da las armas suficientes para llegar a una interpretación sólida. Obviamente Brandon intenta deshacerse de todo lo que le ata a su adicción, aunque su único contacto sexual fallido es el que nace del compromiso, el que amaga un resquicio de posible amor y estabilidad. Como si el personaje tuviese miedo o fuese incapaz de sacudirse sus fantasmas. Lanza a la basura revistas y películas porno, su ordenador y todo lo que guarda relación con el sexo. Su hermana ha abierto todavía más esa herida que nunca supuró. Solo Brandon es dueño de su destino, aunque necesita ayuda, y no parece dispuesto a pedirla. Por todo esto, mi lectura de Shame defiende el final más triste. El último fotograma vuelve a mostrar a Brandon escondido en el metro, en medio de un mundo de peligros. El círculo se completa. Y lo que es peor: vuelve a empezar.


Una historia muy dura que precisa de espectadores abiertos y atentos. Fassbender se desnuda al completo y aún así interpreta con los ojos. Y al ver su via crucis uno recuerda a Isabelle Huppert clavándose un cuchillo al final de La pianista, la pulcritat de movimientos de la protagonista de La mirada invisible y otros relatos de desórdenes sexuales. También el Nueva York donde vivía el psicópata de American Psycho. Las mismas manzanas por las que caminaba Tom Cruise durante su odisea nocturna en Eyes Wide Shut antes de acabar absorbido por un mundo donde lo erótico se juntaba con lo mórbido, y el placer con la repulsión. Shame suma a toda esta lista de pesadillas. 2046 tomaba la imagen de un tren que iba parando en las estaciones amorosas de su personaje. Shame hace lo mismo, pero transitando las cloacas de la psique humana. Una futura obra importante del cine contemporáneo.

Nota: 8

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jueves, 29 de marzo de 2012

Crítica de EL MONJE (LE MOINE, THE MONK), de Dominik Moll

Dominik Moll corre el riesgo de convertirse en un cineasta incomprendido. En doce años ha realizado tres películas, muchos no le perdonan que no haya sabido mantenerse en pie tras el éxito de Harry, un amigo que os quiere, y otros le guardan cierto resentimiento desde que Lemming inaugurase con críticas feroces el Festival de Cannes 2005. Moll es un autor singular que sabe crear atmósferas muy interesantes, jugando con los límites del terror gótico y el drama surrealista. A Moll nadie le puede negar su capacidad por construir imágenes memorables, ambientes turbulentos y personajes frágiles que se mueven en un mundo aparentemente normal que a la mitad del metraje se desvanece y alambica. Las películas de Moll arrancan avecinando historias que presuntamente quieren discurrir por caminos ya transitados, pero las inquietudes del director empujan los relatos a deshacerse de cualquier previsibilidad y linealidad narrativa, a desgajarse de su parte material y a acabar como piezas de un surrealismo tan marciano como poco valorado. Quizás por eso las obras de Moll siempre resultan más deslumbrantes como conceptos que como historias, resultan poco atractivas para el gran público e insuficientes para la crítica especializada. El monje no es una excepción: volvemos a encontrarnos con el Moll irregular pero atrayente, con una historia tan frágil como absorbente, un ejercicio más simbólico que terrenal, más experimental que carnal. Aun teniendo en cuenta que El monje desconcierta, y aun partiendo de la base que ese desconcierto se debe tanto a la personalidad del artista como a la poca consistencia del guión, hay que reconocer que el nuevo juego cinematográfico de Moll es tan débil como misterioso, intenso, perverso, oscuro, interesante. Una parábola extraña, lo más démodé desde la española Teresa: el cuerpo de Cristo, sobre las debilidades de la carne, el miedo al pecado o la débil línea que separa la duda de la certeza, la fe en lo intangible y la atracción por lo palpable. El monje es una película pesadillesca que demuestra la solidez y las flaquezas de Dominik Moll como director de un cine inclasificable, bien por convicción o por puro accidente. Como era de esperar, nadie ha aplaudido una película que en ningún momento quiere ser una película de época o una historia religiosa. Pero resulta imposible no sentir cierta estima por este cuento diabólico de sombras y fantasmas, con un Vincent Cassel al borde la esquizofrenia y una deslumbrante banda sonora de Alberto Iglesias. Seguimos fieles al discutible dogma de Moll a riesgo de ser defensores de una causa perdida: El monje es más compleja de lo que parece, y los buenos espectadores/cristianos sabrán perdonar que Moll, pese a sus aptitudes, siga sin brindarnos esa película redonda que parecía un hecho allá por 1999.


Nota: 7

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miércoles, 28 de marzo de 2012

Crónica de un error judicial: Crítica de PRÉSUMÉ COUPABLE (PRESUNTO CULPABLE)

Alain Marécaux es un agente judicial de éxito casado y con tres hijos. Una noche una patrulla policial irrumpe en su casa con una orden para detenerlo: junto a su mujer, está acusado de haber violado a menores de edad en Francia y en Bélgica, de formar parte de una red de pornografía infantil por internet y de haber abusado presuntamente de sus retoños. Présumé coupable es su historia, la crónica de un error judicial que lleva Alain a la cárcel, a la soledad de los furgones policiales, a la violencia de interrogatorios y juicios, y a la desesperación más absoluta, representada al final de la película en forma de una huelga de hambre. El cuerpo de Alain ha menguado, su ánimo se resiente día tras día. El sistema ha destruido su vida y la de los suyos, y para colmo basándose en pruebas nada sólidas. Présumé coupable, al exponer el calvario de un hombre corriente, nos obliga a plantearnos la fragilidad del hombre moderno que confía en la ley y que no es defendido por los encargados de impartir justicia. La historia real de uno de los escándalos más sonados de la crónica social gala, y en lo cinematográfico un drama muy medido y un thriller bien contado, excelentemente interpretado por Philippe Torreton. Lo más fascinante es que un material existente (la película se basa en los diarios que escribió el verdadero Alain Marécaux en la cárcel) haya dado como resultado una cinta muy sólida que esquiva los sensacionalismos y las sensiblerías de las películas basadas en un caso real, y en este caso sumamente mediático en su país de origen. Una propuesta muy interesante, incluso notable si tenemos en cuenta que en España los episodios más sonados de nuestra crónica negra acaban siendo la excusa de telefilms poco fieles con los hechos de base y nada dotados en lo cinematográfico. Présumé coupable entretiene y da miedo: podría hacer sesión doble con la belga Illégal, curiosamente ambas inéditas en nuestro país. Una lástima, porque Présumé coupable muestra con firmeza los resquicios de un sistema judicial mil veces puestos en duda, tachado de ineficaz y paradójicamente de injusto; y sobre todo porque el cine es un arma cargada de poder a la hora de criticar el estado de las cosas, incluso de cambiarlo. No se arrepentirán de verla.


Nota: 6

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martes, 27 de marzo de 2012

Realismo mágico: Crítica de EL HAVRE (LE HAVRE), de Aki Kaurismäki

El havre y El niño de la bicicleta coincidieron en la sección oficial del Festival de Cannes. Ambas son las últimas obras de tres de los directores más respetados del cine europeo. Ambas son historias de poco metraje que invitan al optimismo en tiempos difíciles. Ambas funcionan como descripción de la ciudad en la que sucede su historia: el Havre portuario, de badulaques y casas humildes; un pueblecito belga, con sus barrios residenciales, naves industriales y calles vacías. Ambos son cuentos en los cuales un niño cambia la vida de dos personas adultas extrañamente altruistas y comprensivas. Y ambos son films muy comprometidos con la realidad de la Europa del ahora, capaces de dibujar esperanza allá donde solo parece haber injusticia y oscuridad. El niño de la bicicleta es sumamente coherente con el estilo dardenniano, El Havre es una película cien por cien Kaurismäki, y ambas representan la consolidación de sus artífices y la puesta al día de dos maneras de entender el cine que parecían caducas: el realismo social sucio de los belgas, que tocó fondo con El silencio de Lorna; y el realismo mágico surrealista del finlandés, poco brillante en Luces al atardecer. Y a partir de aquí las diferencias. El Havre se sitúa entre lo real y lo maravilloso, porque en el mundo de colores saturados de Kaurismäki todo resulta extraño y a la vez familiar. Un cerezo en flor sella un final feliz. Un niño inmigrante escapa de unos policías que no hacen demasiado por impartir la ley. Una mujer sana de su trágica enfermedad por decisión divina, compensación quizás de la  buena acción de su marido. El Havre es una historia milagrosa que juega al absurdo y cuyo tono y mensaje solo está al alcance de los cinéfilos con buena predisposición o bien de los conocedores del curioso cine de Kaurismäki. Tanto El niño de la bicicleta como El Havre, por su aparente pequeñez formal, corren el riesgo de ser vistas como películas menores cuando en verdad son dos films de esplendorosa lucidez y madurez. Son aptas para todos los públicos, incluso necesarias, pero no recomendables para todo tipo de paladares. Y en los dos casos se cumple eso que dicen los franceses: Il faut aimer le style. El hecho de estar en el principal festival de cine del mundo, escaparate de los mejores autores y fiel reflejo de las tendencias cinematográficas seguidas y a seguir, corrobora la valía de estas dos obras personales, agradables, necesarias. El niño de la bicicleta me animó a revisar la filmografía de los Hermanos Dardenne (que ocupa un lugar estratégico en mi videoteca). Y Le Havre sin duda ha reactivado mi interés por el cine de Aki Kaurismäki, cuyas primeras películas todavía no vi. Ultimamente es fácil tener la sensación de que el cine de hoy en día está empeñado en realizar series televisivas convencionales de hora y media. Eso no ocurre con el verdadero arte, con los verdaderos autores. Alegra saber que los grandes de los 90 siguen dando guerra con sus obras sugestivas, atractivas, sensibles. Ojalá suceda lo mismo con lo nuevo de Moretti, Loach o Kusturica, por citar otros buques insignia del cine europeo que tiene plaza reservada en La Croisette.


Nota: 7

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lunes, 26 de marzo de 2012

¿Héroe o villano?: Crítica de J. EDGAR, de Clint Eastwood

A las makes 
Era de esperar que la vida de John Edgar Hoover, considerado el fundador del FBI, fuese llevada a la gran pantalla. Actualmente se discute muchísimo sobre los conceptos de intimidad y seguridad en relación a una sociedad globalizada en una era tecnológica dominada por las redes sociales. Para entender quién gobierna a los gobiernos, quién controla nuestros datos y qué mecanismos siguen aquellos que imparten justicia es interesante volver la vista atrás, rememorar los inicios y recordar cómo, cuándo, dónde y sobre todo quién empezó a revolucionar los parámetros de búsqueda, rastreo y control ciudadano. Afortunadamente esta tarea de revisionado, investigación y filmación ha recaído en un hombre tan inteligente como Clint Eastwood, y en sus manos la historia de J. Edgar Hoover adquiere nuevos significados. Si miramos la filmografía del Eastwood director nos daremos cuenta que uno de sus grandes intereses ha sido la justicia, una obsesión que recorre transversalmente su carrera tanto en su reivindicación del cowboy moderno (Gran Torino, Deuda de sangre, Ejecución inminente) como en su exploración del melodrama épico (Mystic River, Million Dollar Baby). Quizás ese discurso sobre la justicia ha quedado un tanto soterrado porque el cine de Clint Eastwood no busca la tesis fácil, sino que alimenta sus tramas, mima a sus personajes y acaba confiriendo a sus grandes obras un aura de clásico en constante exploración de la psique humana. La justicia, por lo tanto, está en el cine de Clint Eastwood porque forma parte de su código cinematográfico como artista criado en el western y el thriller comercial; y también de su concepción del mundo como ciudadano norteamericano, ya que forma parte de la clase cultural de un país que idealiza y mediatiza con delectación cualquier investigación o proceso judicial (algo que ha llevado a muchos a hablar de un 'cine de juicios' típicamente yanki en el que no costaría incluir títulos como El intercambio o Medianoche en el jardín del bien y el mal).


Precisamente de justicia histórica hablaba Mi nombre es Harvey Milk, film que comparte guionista con esta J. Edgar: Dustin Lance Black, la segunda pieza importante para entender los entresijos de la película que nos ocupa. Lance Black, abiertamente gay, ofrece su versión y visión de un hombre cuya vida se presta a la ambigüedad. En Mi nombre es Harvey Milk había un interés por reivindicar la figura de Harvey Milk, mientras que en J. Edgar no hay ninguna intención por ensalzar el personaje. Un dato que debería ir a favor del trabajo de Eastwood-Lance Black, pero que en parte pone palos a las frágiles ruedas que sustentan el relato. Lance Black concibe claramente al creador del FBI como un homosexual reprimido víctima de una sociedad conservadora y una educación de arraigo matriarcal y controlador. Y a partir de aquí cualquier intento por esbozar un retrato más o menos sólido del protagonista, y por ende convincente, acaba por afectar a la historia. Lance Black no se moja, y auspiciado por el Clint Eastwood más correcto lleva su biopic grandilocuente (por abarcar tantas décadas, por resultar en ocasiones una mera acumulación de datos) al drama romántico, demostrando que J. Edgar era un pretexto para explorar las complejidades sexuales de su protagonista, y no una base para indagar la personalidad del señor Hoover (prueba de ello es el poco peso que tiene en la trama la secretaria que interpreta Naomi Watts: el por qué de su fidelidad hacia Hoover incluso después de su muerte es un apartado que desgraciadamente no ha interesado a Lance Black).

J. Edgar, en definitiva, se presenta como un film sólido en lo narrativo, con el pulso de los maestros que están detrás del proyecto, tanto en las tareas de guión como de dirección. El gran problema es que las preocupaciones de uno y otro discurren por caminos distintos: Lance Black entiende el oficio de Edgar Hoover como una excusa para construir un cuento de amor frustrado, presiones sociales e insatisfacciones sexuales; y Clint Eastwood centra sus esfuerzos en describir a una de las máximas figuras del S.XX. Ambas visiones no dejan de ser complementarias y juegan a favor de las sombras que rodean a John Edgar Hoover: ¿era un héroe o un villano?, ¿un ególatra o un hombre con verdadera vocación de servicio público?, ¿simplemente alguien inseguro o un tipo que canalizaba sus complejos castrando a aquellos que le rodeaban? Y al mismo tiempo, la sensación de que J. Edgar funciona en todo momento pero solo a pleno rendimiento en ciertas escenas resta convicción a la propuesta. Esto explica su ninguneo en los Oscar: su mirada homosexual habrá molestado a la parte conservadora de la Academia, y su inevitable lectura parcial del Hoover director general del FBI tampoco habrá gustado a los que esperaban una radiografía lúdica de la historia reciente de Norteamérica como hizo Spielberg en Munich o Scorsese en Gangs of New York. Algo que no resta interés a J. Edgar, una película con trampa pero que se sustenta gracias a la magnífica interpretación de Leonardo DiCaprio y a la intensidad de ciertos momentos en los que el mejor Eastwood se encuentra con el mejor Dance Black (cítese: la secuencia en la que J. Edgar sale al balcón ante la multitud, no sabemos si víctima de su grandilocuencia, en el fondo dominado por cierto miedo escénico o bien consciente de su responsabilidad con la sociedad que lo mira simbólicamente desde abajo).


Nota: 6'5

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domingo, 25 de marzo de 2012

Romeo, Juliette y Adam: Crítica de DECLARACIÓN DE GUERRA (LA GUERRE EST DÉCLARÉE)

Romeo mira a Juliette. Juliette se acerca a Romeo. Se presentan. No hay duda: están destinados a seguir juntos el resto de sus días. Luego viene Adan, el primer hijo. Y con él los primeros desvelos, biberones y pañales. Al principio todo parece manía de madre primeriza y agobio de padre nada experimentado. Pero no. A Adan le pasa algo. Tiene un tumor. El destino juega su primera mala pasada: ¿por qué a nosotros?, ¿por qué ahora? Y se empieza a fraguar una guerra que se prolonga horas, días, años. Una batalla por ver la luz al final del túnel, por abrazar la vida y derribar a la muerte; por mantener intacto el ánimo, el ímpetu, el espíritu de juventud, el deseo por seguir siendo Romeo, Juliette y Adan, los tres, juntos. Una historia para llorar a moco tendido, ¿no? Pues olvídense. Declaración de guerra no es un drama. Es un título generacional que cita a aquellos jóvenes urbanitas, con estudios y trabajo, con mucha vida vivida y por vivir, con un gran dominio de la teoría y un desconocimiento total de la práctica, obligados de golpe y porrazo a sentar la cabeza y a amansar sus arrebatos de pletórica y eterna adolescencia. Es un cuento colorista, de amistad y fidelidad, de amor y sentida pasión por quienes queremos, por quienes verdaderamente importan. Es la historia de una unión familiar, la crónica de aquellos momentos cuando todo deja de importar, cuando todo se relativiza, cuando todo pasa a un segundo plano, cuando solo queda esperar y el tiempo se para (y al mismo tiempo se eterniza). Es un homenaje a un equipo médico tenaz que acaba convirtiéndose en parte importante de la vida de todos. Es el retrato de una ciudad luminosa, de parques de atracciones, de fuentes, de calles por las que correr, de gran vida nocturna, de carreteras y estaciones de tren, aunque finalmente París se reduce a un pasillo de hospital. Es una guerra que nos reconcilia, que demuestra lo pequeños que somos, que invita a saltar de la butaca y vivir la vida a tope.


Una película que si bien no se vive con pasión sí se ve con interés y tensión, con una media sonrisa en la cara y un pañuelo arrugado en la mano. En lo cinematográfico, lo que los españolitos diríamos 'un film très français': sus formas son tan libertinas como un Christophe Honoré menos amanerado y más vitaminado, tiene un momento musical a lo Jacques Demy, juega con lo ridículo y lo grave tal y como haría Arnaud Desplechin. Y para la cinefilia, la película que representó a Francia en los Oscar 2012, la gran triunfadora del Festival de Gijón, una de las sorpresas de Cannes 2011 y sorpresa en las nominaciones al César con seis candidaturas. Porque hay guerras en las que merece luchar: no será una obra maestra, ni tan siquiera la gran película que nos habían vendido, pero tiene el mérito de ser una de las cintas más alegres sobre la muerte. Y eso, además de merecer los seis euros de la entrada y los quince del dvd, tiene mucho mérito.


Nota: 7

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sábado, 24 de marzo de 2012

CINOSCAR AWARDS 2010: PALMARÉS

Y los ganadores de los Cinoscar Awards 2010 son:

MEJOR CONTRIBUCIÓN TÉCNICA:  
INCEPTION (ORIGEN)
Nominados: Alicia en el país de las maravillas, Repo Men, Shutter Island, The lovely bones y Un hombre soltero

MEJOR VESTUARIO:  
A SINGLE MAN (UN HOMBRE SOLTERO)
Nominados: Alicia en el país de las maravillas, Bright Star, Io sono l'amore, The last station y Nine

MEJOR BANDA SONORA ORIGINAL:
Roke Baños,  por BALADA TRISTE DE TROMPETA
Nominados: El concierto, El escritor, La red social, Inception (Origen) y Un hombre soltero

MEJOR BANDA SONORA ADAPTADA:  
GAINSBOURG (VIDA DE UN HÉROE)
Nominados: Corazón rebelde, Nine, The Runaways, Tiana y el sapo y Un in the air

MEJOR FOTOGRAFÍA: Cao Yu y He Lei, por CIUDAD DE VIDA Y MUERTE
Nominados: La cinta blanca, Inception (Origen), Shutter Island, Un hombre soltero y Io sono l'amore

MEJOR CINTA ANIMADA 2010: 
FANTASTIC MR. FOX, de Wes Anderson
Nominados: Tiana y el sapo y Toy Story 3

MEJOR CINTA DOCUMENTAL 2010:
ANVIL: EL SUEÑO DE UNA BANDA DE ROCK, de Sacha Gervasi
Nominados: María y yo y The Cove

MEJOR CINTA ESPAÑOLA Y/O HISPANA 2010:
PA NEGRE, de Agustí Villaronga (España)

Nominados
1. AMADOR, de Fernando León de Aranoa
2. BALADA TRISTE DE TROMPETA, de Álex de la Iglesia
3. BIUTIFUL, de Alejandro González Iñárritu
4. TODO LO QUE TÚ QUIERAS, de Achero Mañas
5. UNA HORA MÁS EN CANARIAS, de David Serrano

MEJOR CINTA NO ESTRENADA:
CRYING WITH LAUGHTER, de Justin Molotnikov (Gran Bretaña)

Nominados:
1. FRONTIÈRE(S), de Xavier Gens (Francia)
2. LES BEAUX GOSSES (FRENCH KISSES), de Riad Sattouf (Francia)
3. RUNNING TURTLE, de Lee Yeon-Woo (Corea del Sur)
4. SI QUIERO SILBAR, SILBO, de Florin Serban (Rumanía)
5. THIRST, de Park Chan-Wook (Corea del Sur)

MEJOR DESCUBRIMIENTO CINEMATOGRÁFICO 2010:
PODEROSA AFRODITA, de Woody Allen (1995)

Nominados:
1. CABARET, de Bob Fosse (EE. UU., 1972)
2. EL DULCE PORVENIR, de Atom Egoyan (Canadá, 1997)
3. HÁBLAME DE LA LLUVIA, de Agnès Jaoui (Francia, 2008)
4. HEDWIG AND THE ANGRY INCH, de John Cameron Mitchell (EE. UU., 2001)
5. LEE MIS LABIOS, de Jacques Audiard (Francia, 2001)

MEJOR SERIE 2010:
MAD MEN (AMC; 2ª, 3ª y 4ª temporada)

Nominados:
1. DEXTER (4ª y 5ª temporada, SHOWTIME)
2. LOS TUDOR (1ª y 2ª temporada, BBC)
3. LOST (PERDIDOS) (6ª temporada, ABC)
4. MUJERES DESESPERADAS (6ª y 7ª temporada, ABC)
5. TRUE BLOOD (2ª y 3ª temporada, HBO)

MEJOR CD 2010:
EL PASO TRASCENDENTAL DEL VODEVIL A LA ESTRACANADA,
de Fangoria (España)

Nominados:
1. NEONIUM, de Graham Newey (España)
2. EL ÚLTIMO PRIMATE, de Najwa (España)
3. INNUNDIR SKINNI, de Ölof Arnalds (Islandia)
4. ZA7IE, de Zazie (Francia)
5. ZAZ, de Zaz (Francia)

MEJOR GUIÓN ORIGINAL:
Michael Haneke, por LA CINTA BLANCA

Nominados:

1. Jacques Audiard y Thomas Bidegain, por UN PROFETA
2. Mark Boal, por EN TIERRA HOSTIL (THE HURT LOCKER)
3. Lee Chang-Dong, por POESÍA (POETRY)
4. Joel y Ethan Coen, por UN TIPO SERIO (A SERIOUS MAN)
5. Christopher Nolan, por ORIGEN (INCEPTION)

MEJOR GUIÓN ADAPTADO: 
Empate
Jason Reitman y Sheldon Turner, por UP IN THE AIR
Aaron Sorkin, por LA RED SOCIAL

Nominados:

1. Geoffrey Fletcher, por PRECIOUS
2. Robert Harris y Roman Polanski, por EL ESCRITOR (THE GHOST WRITER)
3. Laeta Kalogridis, por SHUTTER ISLAND
4. Agustí Villaronga, por PA NEGRE (PAN NEGRO)

 MEJOR REPARTO: PA NEGRE
(Francesc Colomer, Nora Navas, Roger Casamajor, Laia Marull, Sergi López, Marina Comas, Eduard Fernández, Luïsa Castell, Marina Gatell)


Nominados: Balada triste de trompeta, El discurso del rey, La cinta blanca, Nine y Up in the air

MEJOR ARTISTA REVELACIÓN:
TAHAR RAHIM, por UN PROFETA

Nominados:

1. Maricel Álvarez, por BIUTIFUL
2. Carolina Bang, por BALADA TRISTE DE TROMPETA
3. Christian Friedel, por LA CINTA BLANCA
4. Katie Jarvis, por FISH TANK
5. Gabourey Sidibe, por PRECIOUS

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA:
ANNA KENDRICK, por UP IN THE AIR

Nominados:

1. Vera Farmiga, por UP IN THE AIR
2. Maggie Gyllenhaal, por CRAZY HEART (CORAZÓN REBELDE)
3. Laia Marull, por PA NEGRE (PAN NEGRO)
4. Mo'nique, por PRECIOUS
5. Kierston Wareing, por FISH TANK

MEJOR ACTOR SECUNDARIO:
ANDREW GARFIELD, por LA RED SOCIAL

Nominados:

1. Niels Arestrup, por UN PROFETA
2. Eduard Fernández, por BIUTIFUL, LA MOSQUITERA y PA NEGRE (PAN NEGRO)
3. Burghart Klaussner, por LA CINTA BLANCA
4. Sean Penn, por CAZA A LA ESPÍA (FAIR GAME)
5. Stanley Tucci, por BURLESQUE y THE LOVELY BONES

MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA: 
NORA NAVAS, por PA NEGRE

Nominados:
1. Sandra Bullock, por THE BLIND SIDE y LOCA OBSESIÓN
2. Yoon Hee-Jeong, por POETRY (POESÍA)
3. Giovanna Mezzogiorno, por VINCERE
4. Birgit Minichmayr, por ENTRE NOSOTROS
5. Naomi Watts, por CAZA A LA ESPÍA (FAIR GAME)
CONOCERÁS AL HOMBRE DE TUS SUEÑOS y MADRES & HIJAS (MOTHER & CHILD)

MEJOR ACTOR PROTAGONISTA:
JAVIER BARDEM, por BIUTIFUL

Nominados:
1. Jeff Bridges, por CRAZY HEART (CORAZÓN REBELDE), LOS HOMBRES QUE MIRABAN FIJAMENTE A LAS CABRAS y TRON: LEGACY
2. Leonardo DiCaprio, por ORIGEN (INCEPTION) y SHUTTER ISLAND
3. Colin Firth, por EL DISCURSO DEL REY y UN HOMBRE SOLTERO
4. Joaquin Phoenix, por TWO LOVERS
5. Jeremy Renner, por EN TIERRA HOSTIL (THE HURT LOCKER) y THE TOWN: CIUDAD DE LADRONES

PREMIO ESPECIAL DEL BLOG a la
mejor película desconocida del 2010:
POESÍA (POETRY), de Lee Chang-Dong (Corea del Sur)

PREMIO ESPECIAL DEL PÚBLICO
a la mejor película del año:
LA RED SOCIAL, de David Fincher (EE. UU.)

MEJOR DIRECTOR DEL AÑO:
MICHAEL HANEKE, por LA CINTA BLANCA

Nominados:
1. Jacques Audiard, por UN PROFETA
2. Kathryn Bigelow, por EN TIERRA HOSTIL (THE HURT LOCKER)
3. Álex de la Iglesia, por BALADA TRISTE DE TROMPETA
4. David Fincher, por LA RED SOCIAL (THE SOCIAL NETWORK)
5. Alejandro González Iñárritu, por BIUTIFUL
6. Christopher Nolan, por ORIGEN (INCEPTION)
7. François Ozon, por MI REFUGIO y RICKY
8. Roman Polanski, por EL ESCRITOR (THE GHOST WRITER)
9. Martin Scorsese, por SHUTTER ISLAND

MEJOR PELÍCULA DEL AÑO:
BIUTIFUL, de Alejandro González Iñárritu (España, México)

1. BALADA TRISTE DE TROMPETA, de Álex de la Iglesia (España)
2. CIUDAD DE VIDA Y MUERTE, de Lu Chuan (China)
3. EN TIERRA HOSTIL (THE HURT LOCKER), de Kathryn Bigelow (EE. UU.)
4. LA CINTA BLANCA, de Michael Haneke (Austria, Alemania, Francia, Italia)
5. LA RED SOCIAL, de David Fincher (EE. UU.)
6. TWO LOVERS, de James Gray (EE. UU.)
7. UN PROFETA, de Jacques Audiard (Francia)
8. UP IN THE AIR, de Jason Reitman (EE. UU.)
9. VINCERE, de Marco Bellochio (Italia)

PALMARÉS:

3 premios:
LA RED SOCIAL: Actor secundario, guión adaptado, premio del público
PA NEGRE: Actriz protagonista, reparto, película española

2 premios: 
BIUTIFUL: Actor protagonista, película
LA CINTA BLANCA: Director, guión original
UP IN THE AIR: Actriz secundaria, guión adaptado

1 premio:
POESÍA: Premio especial
UN PROFETA: Artista revelación
CIUDAD DE VIDA Y MUERTE: Fotografía
INCEPTION: Contribución técnica
UN HOMBRE SOLTERO: Vestuario
GAINSBOURG: Banda sonora adaptada
BALADA TRISTE DE TROMPETA: Banda sonora original


TABLA DE NOMINACIONES:

7 nominaciones: LA CINTA BLANCA
6 nominaciones: BALADA TRISTE DE TROMPETA, BIUTIFUL, ORIGEN, PA NEGRE y UP IN THE AIR
5 nominaciones: LA RED SOCIAL, SHUTTER ISLAND, UN HOMBRE SOLTERO y UN PROFETA
4 nominaciones: EN TIERRA HOSTIL
3 nominaciones: CORAZÓN REBELDE, EL ESCRITOR y PRECIOUS
2 nominaciones: ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, CAZA A LA ESPÍA, CIUDAD DE VIDA Y MUERTE, EL DISCURSO DEL REY, FISH TANK, IO SONO L'AMORE, NINE, POESÍA, THE LOVELY BONES, TWO LOVERS y VINCERE