lunes, 26 de septiembre de 2016

CRÍTICA | ELLE, de Paul Verhoeven


La psicópata que llevo dentro
ELLE, de Paul Verhoeven
Festival de Cannes: Sección oficial a concurso Festival de San Sebastián: Sección Perlas
Representante por Francia al Óscar a la mejor película de habla no inglesa
Francia, 2016. Dirección: Paul Verhoeven Guión: David Birke, a partir de la novela Oh... de Philippe Djian Música: Anne Dudley Fotografía: Stéphane Fontaine Reparto: Isabelle Huppert, Laurent Lafitte, Anne Consigny, Charles Berling, Virginie Efira, Lucas Prisor, Christian Berkel, Alice Isaaz, Jonas Bloquet, Vimala Pons Género: Thriller psicológico. Comedia negra Duración: 130 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 30/09/2016
¿De qué va?: Michelle, una ejecutiva que trabaja en una empresa informática, empieza a tomar medidas muy particulares tras ser violada por un asaltante en su propia casa.



Hay que celebrar la existencia de películas como Elle, obras capaces de abordar temas casi siempre silenciados, abrir nuevos frentes de expresión y de reflexión, poner patas arriba nuestros principios morales y sumergirnos en un universo fílmico conocido a la vez que inédito. También hay que alegrarse por el oficio de Paul Verhoeven, un director que a pesar de sus 77 años ha dirigido la cinta más trangresora, rebelde, irreverente y cuantos adjetivos por el estilo se quiera de este 2016, un apunte más destacable si cabe por tratarse de la entrada del realizador holandés al mercado galo, muy dado a productos adocenados que encuentran acomodo en las salas de medio mundo. Si a todo ello se le suma el éxito arrollador que el film tuvo entre la prensa cannois, la encendida polémica que ha despertado en su estreno en Francia y la admiración colectiva hacia Isabelle Huppert, una actriz excelente que está viviendo un año especialmente fructífero en su trayectoria, no hay duda que Elle puede ser considerado uno de los títulos del año. Incluso de la década. O vamos un poco más lejos: del siglo. Palabras mayores.


Tras unos titulos de crédito que remiten irremediablemente a los primeros fotogramas de Desafío total e Instinto básico, Elle arranca con un quiebro, "in media res", sin preámbulos narrativos ni preliminares sexuales. Michelle, una empresaria de éxito dentro del sector de los videojuegos, es violada por un encapuchado en el comedor de su casa. El único testigo de la agresión es el gato negro de la mujer, metáfora del carácter esquivo y sibilino de su dueña, así como del tono que toma a partir de ese momento la película. Tras la conmoción llega la calma tensa y vemos a Michelle dándose un baño e intentando recobrar la normalidad. Y cuando el espectador intuye que el film virará hacia la historia de venganza, el drama exacerbado o el thriller psicosexual, Elle se abre en canal y retuerce hasta límites insospechados la trastienda de Michelle y de todos los personajes que la rodean: sus compañeros de trabajo, su ex marido, su amante, sus vecinos, su amiga íntima, su madre anciana, su hijo y la pareja de éste. Todo lo que pueda añadirse aquí no sólo sería un spoiler en toda regla, sino que mermaría la fascinación que produce descubrir por primera vez en la oscuridad de la sala las mil y una bondades, en su caso maldades, de una historia que disecciona con humor y sin temor alguno el extraño que habita en todos nosotros, aquel que concentra nuestros fantasmas, desórdenes de diversa índole e incluso psicopatías. Una premisa que da miedo, pero que produce un enorme placer cinematográfico. 


La película, tras mostrar toda la gama de grisis posibles, termina con un reencuentro femenino en un cementerio. Pasado, presente y futuro se unen en una resolución sublime en el que las mujeres imponen sus reglas. Como si la cinta fuera en esencia un tratado libérrimo sobre la feminidad sin ataduras, la misma que asume la frialdad como mecanismo de supervivencia ante el machismo imperante. Una máxima que Michelle, como se cuenta en el film, aprendió siendo apenas una niña y que en la actualidad aplica en su trabajo como mujer de poder. Elle, como su (anti)heroína, explota todas las bombas, sobrepasa todos los límites y trasciende todos los principios habidos y por haber. No da tregua, hasta tal punto que su caja de sorpresas se intuye sin fondo, con la inventiva propia de un genio, o tal vez de un loco de atar. Se le pueden reprochar sus excesos, incluso no les sobran razones a los que denuncian su tendencia a la excentricidad, pero Elle defiende el cine como un juego en el que todo vale, aunque nos duela, a pesar del rechazo que puedan generar algunos de sus fotogramas. Y precisamente la cinta se disfruta como un juego malsano, con una violencia implícita y explícita que invita a la carcajada para acto seguido cercenar nuestra sonrisa al cambiar de escena. Inclemente, ácida, tarada a la par que lúcida. Un clásico en ciernes. 


Para espectadores sin complejos.
Lo mejor: La Huppert más perversa desde La pianista.
Lo peor: Que se la acuse de malsana y no se repare en sus sutilezas.

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